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Lily García

¿Influencer de quién? 

La palabrita está de moda. Ahora todo el mundo quiere ser influencer y sé que muchos de ustedes se han preguntado qué rayos hace un influencer y a qué se dedica. Pues hay de todo. El término surge a raíz de la llegada de las redes sociales y se define como sigue: Persona que se destaca en una red social u otro canal de comunicación y expresa opiniones sobre un tema concreto que ejercen una gran influencia sobre muchas personas que la conocen; especialmente, cuando influye en los hábitos de consumo de sus seguidores.”

A través de la historia siempre hemos tenido personas que de alguna forma han influenciado masivamente a otras a través de su música, forma de hablar, moda, maquillaje, etc. Pero generalmente estos influencers de antes tenían algún talento o creatividad y estilo que los hacía destacarse de los demás, y nos llevaba a admirarlos y a copiarlos. 

Yo recuerdo la moda de los aeróbicos con Jane Fonda en la década de los 70s y el Madonna “look” de las ochentosas, entre muchas otras modas que nos influenciaron. Pero el influencer de ahora es diferente, y la exposición a través de las redes sociales puede llegar a los millones de personas en cuestión de horas, algo que se traduce rápidamente en dólares y centavos porque mientras más personas tengas en las redes sociales, más puedes “monetizar” (o ganar $) a raíz de tu fama.   

  Entre los influencers más populares del mundo (porque cada país tiene los suyos), hay actores, cantantes y personalidades del deporte, que llegan allí a través de su trabajo. Pero también están los que haciendo videítos bobos o locuras peligrosas, se convierten en estrellas instantáneas y estos, en la mayoría bien jóvenes, son los que le están dando la idea a tantos jóvenes que conozco de que la fama y el dinero pueden llegar fácil como le ocurrió a fulana o a mengano. Claro que ocurre. Siempre hay alguien que se hace famoso sin tener en realidad ningún talento. Pero el verdadero influencer es el que trabaja en aquello que le apasiona, se pule, le mete caña, y en el proceso va adquiriendo relevancia ante los ojos de los demás. Su meta no es influenciar a nadie, sino vivir su propósito.  

Yo llevo trabajando treinta y ocho años laborando ininterrumpidamente en los medios de comunicación. He tenido una carrera bendecida porque dentro del mundo de las comunicaciones he hecho, y sigo haciendo, prácticamente de todo. Pero aún así me sorprendió muchísimo cuando hace unos años atrás algunas agencias de publicidad me hicieron acercamientos para publicar videos o fotos de sus productos en mis redes por considerarme influencer dentro de mi generación”. 

Eso de “dentro de mi generación” me hizo reír porque es como decirme “vieja” de una forma muy elegante. “Wow, soy influencer”, pensé yo en aquel momento. Pero entiendo perfectamente que, en mi caso, el término nace de que como comunicadora me he ganado una credibilidad que ha tomado años, y que como motivadora he procurado llevar una vida acorde con lo que predico. Eso no quiere decir que no meta la pata ni cometa errores, pero he sido bastante honesta con mi mensaje. Así que puedo entender que pueda influenciar a otras personas y es algo que tomo con mucha humildad y sentido de responsabilidad. Y ese sentido de responsabilidad es lo que precisamente me ha puesto a pensar en aquellos a quienes considero verdaderos influencers en mi vida. 

Influencer ha sido mi madre, de quien aprendí lo que es ética de trabajo y no dejarte achantar por obstáculos a la hora de alcanzar tus metas. Ella me enseñó a soñar.  Influencer fue también mi padre, quien fue durante muchos años un actor muy reconocido en Puerto Rico y nunca se creyó su fama. De él aprendí lo que es tener “don de gente” y ser humilde siempre. Influencers fueron importantes maestros a través de mis años de escuela, especialmente esos en la “high” que sembraron las semillas para la periodista y escritora que llegué a ser. Y también influencers fueron esos amigas y amigos que formaron mi familia extendida cuando crecía, esos con quienes aprendí el valor de la amistad, el respeto, y la solidaridad, aún en medio de diferencias. 

Yo te invito a que recuerdes y valides aquellos verdaderos influencers de tu vida. Y en el proceso, procura tú también convertirte en influencia positiva en aquellos que te rodean y a aportar al crecimiento y felicidad de los demás. Puede que no acumules millones de seguidores en Instagram, pero de acuerdo con la Ley de Causa y Efecto, estoy segura que sí acumularás miles de puntos en karma positivo.         

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