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Lily García

Siento que estoy “quemá”…

El domingo pasado llegué hasta casa de una amiga trayendo almuerzo para que pudiésemos compartir un rato. Tan pronto llegué, y sin querer, me eché a llorar encima.  Pienso que mi querida Myrna estaba en shock al ser testigo de mi “melt down” emocional.  Después de todo, ¿no soy yo la que siempre está ahí para consolar a otros?  Lo único que me decía era “Llora, nena, llora, sé que estás bien cargada.” 

Después del desahogo, y un par de copitas de vino, tengo que confesar que me sentí mucho mejor.  Han sido un par de meses intensos. Por un lado, ha estado la carga de trabajo, algo de lo cual no me quejo, porque es una bendición poder vivir de lo que es mi propósito de vida. Pero como bien dice el refrán, “la comida del pobre llega toda junta». Han sido charlas a través de toda la isla, eventos, y tres obras de teatro diferentes.  

Con la más reciente subí a escena justo los dos días antes del exabrupto emocional en casa de mi amiga.  Mi prima, Marian Pabón, y yo, regresamos con la obra “Mejor sola que mal acompañada”, la cual hemos estado realizando juntas desde el año pasado. 

Era la primera vez que la hacíamos desde que Marian finalizó su tratamiento para el cáncer de seno que la ha mantenido alejada de las cámaras y los escenarios desde agosto del año pasado.  Las dos funciones estuvieron llenas, en una de ellas hubo quinientas personas. Y las expresiones de cariño y apoyo para Marian fueron sobrecogedoras.  Después de cada función llegaron tantas mujeres a tomarse fotos con nosotras, a contarle anécdotas sobre sus procesos de cáncer, algunos positivos, otros no tanto, y a desearle salud y echarle bendiciones.  Les cuento esto porque no fueron funciones de teatro como otras, sino eventos con un componente emocional poderoso que inevitablemente lo carga a uno.  

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Y a todos los compromisos profesionales se ha sumado una situación de salud de mi madre a quien he visto debilitarse y desarrollar unas limitaciones de movilidad a las cuales ni ella ni nosotros sus hijos, estamos acostumbrados. Ha requerido mucho tiempo y esfuerzo de nuestra parte, y todos los que han sido cuidadores en algún momento saben lo emocionalmente drenante que puede ser por muchas razones.  

Nada, la cosa es que todo se fue acumulando, y no me he cuidado como he debido. Entre lo mucho que he aprendido a raíz de mi diagnóstico de artritis reumatoide hace cuatro años es el efecto tan dañino que puede tener el estrés y la ansiedad en las condiciones autoinmunes. 

Estoy cansada física y emocionalmente, y mi cuerpo lo sabe.  Pero como no hay casualidades en la vida, me tocó entrevistar esta semana en mi programa de radio a la Dra. Mirelsa Modestti, psicóloga y comunicadora, y una de las profesionales que participó en un interesante estudio acerca del “burnout”, “angustia moral” y “fatiga por compasión” en profesionales de la salud durante la pandemia.

Hablar con ella y escuchar los hallazgos del estudio me ayudó a entender mucho de lo que estaba sintiendo y de lo que puedo hacer para cambiarlo. (Si quieren conocer más sobre el estudio y su trabajo pueden acceder www.mirelsamodestti.com)  Después de todo, sabemos que las situaciones estresantes siempre van a estar ahí.  Así que lo único que podemos hacer es cambiar la forma en que las interpretamos.  

Necesito comenzar a pedir más ayuda. Necesito no ser tan exigente conmigo misma, hago lo que puedo, y lo demás se queda. Necesito aprender a echar lloraditas más frecuentes, y no aguantarme hasta que ya no pueda más. Necesito meditar más y hacer más ejercicios, algo que había abandonado (ya me volví a registrar en el gimnasio y comencé esta semana). Y necesito continuar respirando y agradeciendo: agradeciendo que a una edad en la cual pensaba que tal vez profesionalmente iba a estar bajando revoluciones, es cuando más trabajo tengo. Y agradeciendo que el poder manejar mi tiempo me permite ayudar a mi madre con lo que ella necesita ahora, porque por más que peleemos (que es bastante), sé que se me va a dificultar mucho la respiración cuando ella no esté. Así que pienso que estoy en buen caminoTodo va a estar bien. Todo está en Orden Divino. Y todos los días aprendo acerca de mis fortalezas y mis limitaciones, y busco validar ambas. Un día a la vez.    

 

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