Eliminar criaderos hoy y proteger a los niños con repelente es la mejor defensa antes del repunte de casos
Aunque los meses de mayor incidencia de dengue en la isla suelen ser septiembre, octubre y noviembre, las autoridades médicas advierten que esperar al repunte para tomar acción es un error que puede costar caro. El doctor Diego Sainz de la Peña, director médico del Hospital Auxilio Pediátrico, enfatiza que la prevención efectiva debe ocurrir ahora, antes de que las lluvias conviertan los patios en criaderos.
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A diferencia de otras enfermedades estacionales, el dengue se monitorea bajo una lupa científica constante. A través de una colaboración de más de ocho años entre el Hospital Auxilio Mutuo y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), se analizan las tendencias que permiten predecir brotes antes de que los hospitales alcancen su capacidad máxima.
«El momento de orientar no es cuando ya tenemos el problema encima. Es antes, cuando todavía podemos prevenir», puntualizó Sainz de la Peña.
Actualmente, el panorama clínico está dominado por la influenza tipo B y diversas afecciones respiratorias ligadas a alérgenos. Sin embargo, la calma relativa en los casos de dengue no debe interpretarse como ausencia de riesgo. La vigilancia epidemiológica permite identificar el aumento de casos antes de que se conviertan en una carga crítica para el sistema de salud.
La estrategia para combatir el dengue en la población pediátrica se centra, en primer lugar, en el control ambiental mediante la eliminación sistemática de criaderos. Es fundamental que las familias realicen inspecciones semanales en patios, balcones y techos para vaciar cualquier recipiente que acumule agua, tales como tiestos, platos de plantas, gomas viejas, cubos y neveritas. Al erradicar estos focos donde el mosquito Aedes aegypti deposita sus huevos, se reduce drásticamente la población de vectores en el entorno inmediato del hogar.
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Por otro lado, la protección directa del menor actúa como una barrera física indispensable para evitar la picadura. Se recomienda el uso de repelentes aprobados y adecuados para la edad del niño, aplicándolos siempre bajo supervisión de un adulto y siguiendo las instrucciones del fabricante. Complementariamente, vestir a los niños con ropa que cubra la mayor parte de los brazos y las piernas ayuda a minimizar la exposición de la piel, proporcionando una capa adicional de seguridad frente al mosquito infectado.
El reconocimiento temprano de los síntomas es crucial para un manejo médico efectivo, comenzando por las manifestaciones comunes como la fiebre alta persistente, el dolor de cabeza intenso, el dolor detrás de los ojos, las molestias musculares y la aparición de sarpullido o rash. Sin embargo, los padres deben mantener una vigilancia estricta ante la aparición de signos de cuidado que indican una posible complicación, tales como vómitos recurrentes, un decaimiento marcado o letargo, señales claras de deshidratación y dolor abdominal intenso. Ante cualquiera de estas señales de alerta, la recomendación médica es buscar atención profesional de inmediato para evitar que el cuadro clínico se agrave.

