Microbiota intestinal en niños con autismo: ¿Cómo influye la alimentación?

En los últimos años, la ciencia ha comenzado a prestar especial atención a la conexión entre el sistema digestivo y el cerebro. Diversos estudios demuestran que la microbiota intestinal en niños con autismo presenta diferencias significativas en comparación con los perfiles neurotípicos. Al existir una menor diversidad de bacterias «buenas» y una mayor presencia de cepas proinflamatorias, muchos pequeños experimentan malestares físicos que impactan directamente en su bienestar y comportamiento.

Para profundizar en este tema, conversamos con el Dr. Julián Fernández, gastroenterólogo pediatra, quien nos explicó la importancia del eje intestino-cerebro y cómo la alimentación se convierte en una herramienta clave en su desarrollo.

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El impacto del eje intestino-cerebro

La relación entre el intestino y el desarrollo neurológico no es una coincidencia. El Dr. Fernández señala que las investigaciones clínicas evidencian que, al mejorar la salud digestiva, no solo disminuyen síntomas comunes como el estreñimiento, la diarrea o el dolor abdominal, sino que también se aprecian mejoras notables en la conducta, la atención, el contacto visual y la comunicación de los niños.

Sin embargo, el especialista advierte que definir una «microbiota normal» es un reto complejo debido a las variaciones de dieta, genética y entorno geográfico de cada paciente. Por ello, el uso de probióticos, prebióticos o cambios dietéticos específicos debe realizarse siempre bajo la guía de un equipo multidisciplinario de médicos y nutricionistas.

Estrategias ante la selectividad alimentaria

Uno de los mayores desafíos para los padres es la rigidez o selectividad con la comida, ya que muchos niños prefieren solo texturas fritas, alimentos blancos o productos ultraprocesados. Para contrarrestar esto, el especialista comparte algunas recomendaciones prácticas:

Involucrarlos en la cocina: Permitirles tocar, oler y ayudar en la preparación de los alimentos los conecta de manera positiva con las texturas antes de consumirlas.

La técnica del mismo plato: Si se desea introducir una verdura nueva, se debe colocar una porción pequeña en el mismo plato junto a su comida favorita (como la carne) de forma repetitiva para que se familiaricen visualmente con ella, sin presionarlos.

Reducir azúcares y ultraprocesados: Disminuir estos componentes ayuda a equilibrar la flora intestinal de la gran mayoría de los chicos.

Sustitutos inteligentes: En lugar de azúcar refinada, se puede optar por endulzar de manera natural con banana o estevia pura, adaptando el proceso según las necesidades de cada niño.

Cómo identificar el dolor en niños no verbales

Un porcentaje importante de niños dentro del espectro autista no utiliza el lenguaje verbal, lo que dificulta la comunicación de malestares como el dolor abdominal. El Dr. Fernández aconseja a los padres estar muy atentos a las señales indirectas:

  • Alteraciones en los patrones de sueño o despertarse a mitad de la noche.
  • Apoyar el abdomen sobre superficies duras y frías (como mesas o el suelo) para buscar alivio.
  • Cambios conductuales o irritabilidad sin causa aparente.

Escuchar el lenguaje corporal del niño es fundamental para intervenir a tiempo a nivel gastrointestinal.

La regla de oro para favorecer la microbiota intestinal en niños con autismo (y en la población infantil en general) es la variedad. Una dieta rica en diferentes frutas y verduras, inspirada en el modelo mediterráneo, es el camino más efectivo para asegurar el bienestar digestivo y potenciar la calidad de vida de los más pequeños.

Lee más: ¿De qué manera debemos cuidar nuestra microbiota? Consejos para su cuidado

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