En el mundo laboral, todo cuenta a la hora de mejorar el rendimiento: desde la postura corporal hasta la iluminación. Pero, ¿y si el color de las paredes o el escritorio también influyera en tu productividad? No se trata solo de estética: distintos estudios respaldan que los colores tienen un impacto directo en nuestras emociones, niveles de energía y concentración. Elegir una paleta adecuada en los espacios de trabajo podría ser la clave para mejorar el enfoque, reducir el estrés e incluso estimular la creatividad.
El poder del color según la ciencia
Según una investigación realizada por la Universidad de Texas, liderada por la psicóloga Nancy Kwallek, los colores influyen de manera diferente dependiendo del tipo de tarea. El estudio halló que el blanco, común en muchas oficinas por su “neutralidad”, puede en realidad reducir la productividad y aumentar la sensación de monotonía, especialmente en tareas repetitivas. En cambio, colores más vibrantes como el azul, el verde o el amarillo generan reacciones emocionales que pueden potenciar ciertas capacidades cognitivas.
El azul, por ejemplo, se ha asociado con un aumento en la productividad en tareas que requieren concentración y toma de decisiones. Es un color que transmite calma y estabilidad, lo que ayuda a mantener la mente enfocada. Según un informe del Journal of Environmental Psychology, los ambientes con tonos azules pueden mejorar el rendimiento en trabajos intelectuales o de programación.}
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El verde, por su parte, tiene una fuerte conexión con la naturaleza y se vincula con sensaciones de equilibrio y renovación. En espacios donde se requieren largas horas de trabajo, este color puede ayudar a reducir la fatiga visual y el estrés, según un artículo publicado por la Universidad de British Columbia.
El amarillo es considerado el color de la creatividad. Estimula el sistema nervioso y promueve un estado de alerta, ideal para entornos donde se requiere innovación, como agencias creativas o espacios de diseño. Sin embargo, un uso excesivo puede generar ansiedad o irritación, por lo que se recomienda como acento decorativo más que como color predominante.
¿Y qué pasa con el rojo y el gris?
El rojo tiene un impacto más polarizante. Si bien es un color enérgico que puede aumentar la frecuencia cardíaca y estimular la acción, también se asocia con el peligro o la agresividad. En tareas que requieren precisión física, como mover objetos o responder rápidamente, puede ser útil, según un estudio de la Universidad de Columbia Británica. Sin embargo, no se recomienda para oficinas donde el estrés ya es alto.
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El gris, aunque moderno, puede tener un efecto opuesto al deseado. Es percibido como emocionalmente plano y poco estimulante, por lo que su uso excesivo puede desalentar la motivación.
Así las cosas, la elección del color en la oficina no debe tomarse a la ligera. Adaptar el entorno a las necesidades de cada equipo o tipo de tarea puede marcar una diferencia tangible en el rendimiento laboral. Un entorno azul para programadores, toques de verde para espacios relajantes y detalles en amarillo para zonas creativas pueden ser parte de una estrategia visual efectiva y basada en evidencia.

