Así es la crisis silenciosa de la salud mental en zonas rurales de Puerto Rico

En los pueblos de la zona montañosa de Puerto Rico, la salud mental no solo enfrenta el estigma que pesa sobre todo el país, sino una cadena de obstáculos logísticos, sociales y culturales que agravan una crisis latente. Desde la falta de profesionales hasta caminos intransitables, la situación ha llevado a comunidades como Maricao, Jayuya y Adjuntas a vivir en condiciones que rozan el abandono institucional.

BeHealth conversó con la psicóloga clínica Ivannys Cappas, del Hospital General Castañer, en uno de sus episodios de Health Talks en donde describió la realidad de estas poblaciones con crudeza.

“Aún existen sectores sin agua potable ni electricidad. El acceso a alimentos y servicios de salud implica viajes de 30 a 40 minutos por carreteras peligrosas. Todo eso impacta directamente el bienestar emocional”, señaló.

Cappas explicó que las estadísticas apuntan a un aumento significativo en condiciones como depresión, ansiedad e ideas suicidas tras eventos como huracanes y terremotos. De hecho, tras el huracán María y los temblores del sur, los suicidios en la isla se incrementaron en un 18 %. La situación es más crítica en las áreas rurales, donde la infraestructura es escasa y las opciones de tratamiento, limitadas.

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Uno de los mayores retos sigue siendo la falta de profesionales dispuestos a laborar en zonas apartadas. Aunque existen fondos y plazas disponibles, muchos especialistas declinan trasladarse por la distancia y las difíciles condiciones del terreno.

“Podemos tener los fondos, pero nos faltan profesionales que quieran. Estamos hablando aquí del compromiso”, denunció Cappas, quien viaja diariamente desde Peñuelas a las instalaciones del hospital y sus policlínicas satélites en Jayuya y Adjuntas.

¿Qué pasa con la niñez?

La niñez y la juventud no están exentas de esta problemática, muchos planteles escolares carecen de psicólogos, no por falta de presupuesto, sino por falta de profesionales dispuestos a asumir el reto. Esta carencia afecta la detección temprana de problemas y limita las opciones de tratamiento. “Hay plazas disponibles y fondos asignados, pero nadie las cubre. La distancia lo complica todo”, aseguró Cappas.

Frente a esta realidad, el Hospital General Castañer ha lanzado varias iniciativas, como el programa de navegadores comunitarios en salud conductual, que se movilizan por distintas comunidades para identificar necesidades y canalizar ayudas, incluso acompañando a pacientes a obtener servicios del gobierno como el Plan Vital o el PAN. También se ofrece transporte gratuito a pacientes desde sus hogares hasta la clínica y viceversa.

Además, se han implementado servicios especializados para el tratamiento de trastornos por uso de sustancias, incluyendo el acceso a buprenorfina, tiras para detectar fentanilo y talleres sobre naloxona. Estas acciones buscan mitigar otra vertiente crítica: la adicción, cada vez más presente en jóvenes y adultos de la montaña.

No obstante, el esfuerzo institucional necesita mayor respaldo estatal y municipal. Aunque se han recibido fondos federales, Cappas insistió en que hace falta más colaboración. “Nos gustaría que los municipios hagan más acuerdos colaborativos. Las iglesias y líderes comunitarios han sido aliados, pero se necesita más unión”, dijo.

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