¿Crees que no consumes grasa, pero tu colesterol dice otra cosa?

Por: Dr. Guillermo Colón Coló
Experto en Medicina Primaria y Estética

“Doctor, pero si yo no como grasa”. Esa es una de las expresiones más comunes que escucho en mi oficina cuando un paciente recibe resultados con colesterol o triglicéridos elevados. Y muchas veces, la respuesta llega acompañada de sorpresa genuina.

La realidad es que muchas personas asocian las grasas únicamente con frituras o comida rápida, sin darse cuenta de que consumen grasas diariamente en alimentos aparentemente “inofensivos”.

El problema no siempre está en el plato más obvio. Muchas veces, las llamadas “grasas escondidas” son las que terminan afectando silenciosamente la salud cardiovascular.

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Alimentos como quesos, embutidos, charcutería, aderezos cremosos, mantequilla, productos ultra procesados, carnes altas en grasa, snacks empacados e incluso algunos productos catalogados como “light” pueden contener cantidades significativas de grasas saturadas, sodio y azúcares añadidos. Consumidos con frecuencia, pueden contribuir al aumento del colesterol, presión arterial elevada y enfermedades cardiovasculares.

Y aquí es donde muchas personas se confunden.

Hay pacientes que aseguran no comer frituras, pero desayunan diariamente con queso, jamón, salchichas o tocineta; meriendan productos procesados y cenan alimentos altos en sodio o grasas saturadas. Aunque no perciban estos hábitos como algo perjudicial, el cuerpo eventualmente lo refleja en los laboratorios y, en algunos casos, a través de síntomas o condiciones de salud.

Otro error común es pensar que todas las grasas son enemigas. El cuerpo necesita ciertos tipos de grasa para funcionar correctamente. El problema está en el exceso y en la calidad de lo que consumimos. Grasas saludables presentes en alimentos como aguacate, nueces, pescados y aceite de oliva pueden formar parte de una alimentación balanceada. La clave está en la moderación y en aprender a identificar qué estamos consumiendo realmente.

También es importante entender que el colesterol elevado no siempre presenta síntomas. Muchas personas descubren que tienen niveles peligrosamente altos durante chequeos rutinarios. Por eso insistimos tanto en la prevención y en las evaluaciones periódicas con su médico primario.

Además de la alimentación, existen otros factores que influyen en el colesterol y la salud cardiovascular, como el sedentarismo, el estrés, el sobrepeso, fumar, la falta de sueño e incluso la genética.

La buena noticia es que pequeños cambios sostenidos pueden marcar una gran diferencia. Leer etiquetas nutricionales, reducir alimentos ultra procesados, moderar el consumo de embutidos y quesos, aumentar la actividad física y realizarse análisis de rutina son pasos importantes para proteger la salud.

No se trata de vivir restringido ni de eliminar todo lo que disfrutas. Se trata de crear conciencia y tomar decisiones más saludables.r

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Y lo más importante, esto no tiene edad. Cada vez vemos más jóvenes con colesterol elevado, presión alta y problemas metabólicos relacionados al estilo de vida y la alimentación.

Por eso es fundamental visitar regularmente a tu médico primario. Más allá de una dieta, una evaluación médica puede ayudarte a identificar factores de riesgo y prevenir complicaciones antes de que aparezcan síntomas.

Porque muchas veces, aunque creemos que estamos saludables… nuestro cuerpo está contando una historia muy distinta.

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