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ABC para comprender el virus de papiloma humano (VPH)

El VPH, conocido como virus del papiloma humano, es una infección de transmisión sexual bastante común. Aunque muchas personas no experimentan síntomas y la infección puede desaparecer sin tratamiento, algunos tipos de VPH pueden ser riesgosos, ya que están asociados con el desarrollo de cáncer cervical, de cabeza y cuello, o de ano y pene.

Es importante entender que el VPH no es un solo virus, sino que existen más de 100 tipos, algunos más peligrosos que otros.

Estos virus del papiloma humano residen en las células epiteliales, que son células delgadas y planas que se encuentran en la piel y en las mucosas de áreas como la vagina, el ano, la vulva, el cuello uterino y el pene, e incluso dentro de la boca y la garganta.

Mientras que aproximadamente 60 tipos de VPH causan verrugas en áreas como las manos o los pies, los restantes 40 o más se transmiten principalmente a través del contacto sexual y pueden causar problemas de salud más serios. Entre ellos, los tipos de alto riesgo como el VPH 16 y 18 son responsables de la mayoría de los cánceres cervicales, mientras que otros como el 31, 33, 45, 52 y 58 también se consideran de alto riesgo.

Por otro lado, los tipos de VPH de bajo riesgo, como el 6 y 11, son los culpables de alrededor del 90% de las verrugas genitales, que rara vez se convierten en cáncer.

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¿Cuáles son los síntomas?

Es fundamental destacar que muchas personas infectadas con VPH no presentan síntomas, y en muchos casos, el cuerpo elimina la infección por sí solo en unos pocos años. Sin embargo, en algunas ocasiones, especialmente cuando se trata de tipos de VPH de alto riesgo, la infección puede persistir y provocar cambios en las células del cuello uterino, lo que aumenta el riesgo de cáncer cervical.

Los síntomas de una infección por VPH de bajo riesgo son generalmente verrugas, que pueden aparecer en áreas como los genitales, las manos, los pies y la cara.

¿Cómo se transmite?

El VPH se transmite principalmente a través del contacto piel con piel o durante el sexo vaginal, anal u oral. Factores como la presencia de cortes o heridas en la piel, el número de parejas sexuales, la edad y la debilidad del sistema inmunológico pueden aumentar el riesgo de contraer la infección.

¿Cómo se diagnostica y trata?

Para diagnosticar el VPH, existen varias pruebas, como la prueba de solución de vinagre, la prueba de Papanicolaou y la prueba de ADN, que pueden identificar la presencia del virus y evaluar el riesgo de desarrollar complicaciones.

En términos de tratamiento, las verrugas genitales pueden desaparecer sin tratamiento, pero existen opciones médicas como el ácido salicílico, el imiquimod, el podofilox y el ácido tricloroacético, así como procedimientos como la crioterapia, la electrocauterización y la cirugía, que pueden ayudar a eliminarlas.

¿Qué pasa si no se maneja adecuadamente?

Es importante tener en cuenta que el VPH puede provocar complicaciones graves, como lesiones anormales en la boca, la garganta, el ano y los genitales, así como cáncer en estas áreas. Sin embargo, existen medidas preventivas, como limitar el número de parejas sexuales, usar condones y vacunarse con vacunas como Cervarix, Gardasil y Gardasil-9, que pueden reducir el riesgo de contraer la infección y desarrollar complicaciones graves.

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