Construir una carrera en la medicina requiere disciplina, sacrificio y constancia. Pero hacerlo mientras se aprende a ser madre representa un desafío aún más profundo. Esa ha sido la experiencia de la doctora Leticia Hernández Dávila, quien encontró en la maternidad la fuerza para seguir adelante en una de las especialidades más exigentes de la salud.
Durante una conversación cargada de emociones, recuerdos y aprendizajes, la especialista abrió su corazón para hablar sobre cómo logró equilibrar su vida profesional con el rol más importante de su vida: ser mamá.
“Ser mamá me hizo mejor médica y mejor ser humano”, expresó en entrevista con behealth.
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La endocrinóloga recordó que tuvo que atravesar años de estudio, guardias médicas y largas jornadas laborales mientras criaba a su hija. Aunque reconoce que hubo momentos difíciles, asegura que nunca dejó de encontrar motivos para continuar.
“Había días en los que el cansancio era enorme, pero verla a ella me recordaba por qué estaba haciendo todo esto”, contó.
Una maternidad llena de sacrificios y aprendizaje
Para Leticia Hernández Dávila, convertirse en madre siendo joven cambió por completo la manera en que veía la vida y la profesión médica.
“La maternidad te obliga a reorganizar prioridades y también a entender que no puedes hacerlo todo sola”, afirmó.
En medio de sus responsabilidades académicas y laborales, aprendió a apoyarse en su familia y a valorar los pequeños momentos con su hija, incluso cuando el tiempo parecía insuficiente.
“Uno aprende a vivir con culpa muchas veces, porque siente que le falta tiempo para todo. Pero también aprende que el amor sí alcanza para sostenerlo todo”, expresó emocionada.
La especialista explicó que muchas mujeres profesionales enfrentan una presión silenciosa por intentar cumplir perfectamente en todos los escenarios: como madres, trabajadoras, esposas y cuidadoras.
“A veces las mujeres sentimos que debemos demostrar que podemos con todo, pero también necesitamos permitirnos descansar y pedir ayuda”, señaló.
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La endocrinología con una mirada más humana
Su experiencia como madre terminó transformando también la manera en la que hoy ejerce la medicina. Desde la endocrinología, acompaña diariamente a pacientes que enfrentan obesidad, infertilidad, síndrome de ovario poliquístico, resistencia a la insulina y otros trastornos hormonales que impactan profundamente la vida emocional.
“Muchas pacientes llegan sintiéndose culpables, frustradas o incomprendidas. Ahí uno entiende que el tratamiento no es solamente médico”, explicó.
La doctora asegura que escuchar y acompañar emocionalmente se convirtió en una parte esencial de su consulta.
“Cuando una mujer quiere ser mamá y enfrenta dificultades hormonales, no solamente se afecta su cuerpo. También se afecta su autoestima, sus sueños y su tranquilidad”, comentó.
Precisamente por eso, afirma que su propia experiencia de maternidad le permitió desarrollar una empatía distinta con sus pacientes.
“Hoy puedo entender mejor los miedos, las angustias y las expectativas que viven muchas mujeres”, dijo.
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Su hija, el motor de su vida
Uno de los momentos más emotivos de la entrevista ocurrió cuando habló sobre la relación con su hija y el orgullo que siente al verla crecer. “Mi hija ha sido mi motor en absolutamente todo”, expresó.
Aunque reconoce que hubo ausencias inevitables por el trabajo y los estudios, siempre intentó mantenerse presente en los momentos importantes.
“Yo quería que ella supiera que, aunque mamá trabajara mucho, siempre estaba ahí para ella”, recordó.
Para la especialista, la maternidad también le enseñó a valorar el tiempo y a entender que el éxito profesional pierde sentido cuando se sacrifica completamente la vida personal.
“No existe una mamá perfecta. Existe una mamá que ama, que intenta, que se equivoca y que sigue adelante”, afirmó.
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Un mensaje para las madres profesionales
Al finalizar la conversación, Leticia Hernández Dávila envió un mensaje a las mujeres que actualmente intentan construir una carrera mientras crían a sus hijos.
“No se castiguen por no llegar a todo. La maternidad y la profesión pueden convivir, pero también requieren paciencia y mucha compasión con una misma”, expresó.
Su historia refleja la realidad de miles de mujeres que todos los días equilibran sueños profesionales con responsabilidades familiares. Pero también demuestra cómo la maternidad puede convertirse en una fuente de fortaleza, sensibilidad y resiliencia. “Ser mamá ha sido el regalo más grande de mi vida”, concluyó.

