Cuando se habla de diabetes tipo 1, los autoanticuerpos son protagonistas silenciosos. Estas moléculas son las que permiten detectar la enfermedad incluso antes de que el azúcar en sangre se eleve. Pero, ¿qué son exactamente?
La endocrinóloga Leticia Hernández DÁvila lo explica en entrevista con BeHealth: “Los autoanticuerpos atacan una parte de mí como si fuera algo dañino. En el caso de la diabetes tipo 1, atacan las células beta del páncreas, que producen insulina”.
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El papel de los autoanticuerpos
Estos anticuerpos —anti-GAD, antiinsulina, antiislotes y antitransportador de zinc 8— se convierten en la prueba clave para confirmar si una persona está en riesgo. Detectarlos permite identificar los pacientes con diabetes tipo 1 antes que presenten síntomas.
“Cuando un paciente tiene anticuerpos positivos, sabemos que su sistema inmunológico ya inició ese proceso de ataque, incluso si el azúcar aún está normal”, explicó Hernández.
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Además, estas pruebas ayudan a distinguir la diabetes tipo 1 de la tipo 2. “Un paciente con diabetes tipo 2 no presenta estos anticuerpos”, aclaró la especialista.
“Pero también hay casos intermedios, como la diabetes autoinmune latente del adulto, donde el PACIENTE tiene anticuerpos, pero la progresión es más lenta”, agregó.
Más allá del laboratorio
Aunque aún no se conoce la causa exacta de la aparición de los autoanticuerpos, la doctora menciona algunas hipótesis: exposición a ciertos virus, factores ambientales y teoría de la higiene.
“Se ha visto una posible relación entre infecciones virales y el desarrollo de estos anticuerpos, aunque todavía no hay evidencia concluyente”, comentó.
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En la práctica clínica, conocer el estado de los autoanticuerpos permite personalizar el tratamiento y anticipar el curso de la enfermedad. “Nos ayuda a saber cuándo iniciar la insulina y a evitar complicaciones graves como la cetoacidosis”, señaló Hernández.
La cetoacidosis diabética es una de las emergencias más graves asociadas a la diabetes tipo 1. Ocurre cuando el cuerpo no tiene suficiente insulina para usar la glucosa como fuente de energía y empieza a descomponer la grasa, produciendo cuerpos cetónicos que acidifican la sangre. La doctora explicó que “cuando el cuerpo no tiene insulina y comienza a utilizar la grasa, se acumulan cuerpos cetónicos que hacen que la sangre se vuelva muy ácida”, provocando síntomas como náuseas, dolor abdominal, pérdida de peso, malestar general y un olor frutoso característico en su aliento. Si no se trata a tiempo, puede poner en riesgo la vida del paciente.
Por eso, identificar la enfermedad antes de que el cuerpo llegue a este punto es esencial. “Entre el 30 y 60% de los pacientes con diabetes tipo 1 debutan con cetoacidosis, y esto puede evitarse si se realiza un diagnóstico temprano”, indicó la endocrinóloga. Detectar a quienes están en riesgo permite monitorear la glucosa, iniciar tratamiento oportuno y reducir complicaciones graves, especialmente en niños y adolescentes, donde el manejo puede ser más complejo por factores emocionales y de adherencia.

