Hacer una pausa en medio de la rutina para pensar en la salud no siempre es fácil, pero puede marcar una gran diferencia.
“Un chequeo anual nos ayuda a detectar cambios, prevenir problemas y asegurarnos de que todo funciona como debe”, asegura la dra. Ana Gabriela Serrano, médica generalista. No se trata solo de ir al médico cuando algo duele, sino de anticiparse, de cuidar lo que no siempre da señales.
En ese encuentro anual se revisan aspectos básicos pero clave: signos vitales, peso, índice de masa corporal (IMC) y una exploración física completa. Además, se recomiendan estudios de sangre como CBC, BMP y perfil de lípidos, que permiten evaluar anemia, niveles de glucosa, función hepática y renal, y colesterol. Son datos que, vistos a tiempo, pueden evitar complicaciones mayores.
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Prevención que se adapta a cada etapa de la vida
La prevención no es igual para todas las personas, y eso también hace parte del valor del chequeo. La doctora Serrano explica que la edad y los antecedentes familiares influyen en los estudios más adecuados. En mujeres, por ejemplo, se sugiere el Papanicolaou después de los 23 años y, a partir de los 40, la mamografía. En hombres, luego de los 55 años y según factores de riesgo, puede incluirse la revisión de próstata o el antígeno prostático.
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Pero el chequeo no se queda solo en exámenes. También es el espacio para revisar el esquema de vacunación, incluyendo refuerzos como tétano, hepatitis B, influenza o COVID-19, porque mantener las vacunas al día es parte fundamental de la prevención.
Un punto que cada vez cobra más relevancia es que la consulta anual también abre la puerta a hablar de salud mental, calidad del sueño, alimentación, actividad física y consumo de sustancias. Para la doctora Serrano, el rol del médico primario es acompañar de forma integral y personalizar las recomendaciones según la etapa de vida de cada paciente.
Más que una cita en la agenda, el chequeo anual es un compromiso contigo. “El primer paso es sencillo: agenda tu chequeo y comprométete a repetirlo cada año”, insiste la doctora. Es un gesto pequeño que puede convertirse en una decisión poderosa: elegir cuidarte hoy para vivir mejor mañana.
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