Un nuevo estudio ha revelado cómo el microbioma está relacionado con la pérdida de memoria, siendo este una conexión cerebro-intestino. La investigación estuvo dirigida por un equipo de expertos de Stanford Medicine y el Instituto Arc de los Estados Unidos y publicada en la revista Nature.
¿Qué dice el estudio?
Los expertos identificaron los cambios que se generan en la microbiota intestinal y la inflamación gastrointestinal, los cuales pueden atribuir al deterioro de la memoria. En el estudio se utilizaron ratones jóvenes y viejos, los cuales al convivir juntos, los jóvenes adquirieron el microbioma de los mayores y en el lapso de pocas semanas comenzaron a presentar fallos de memoria y a perder agilidad en pruebas de laberintos.
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De esta manera, este fue un cambio que estuvo relacionado directamente con la composición bacteriana del intestino, donde se marcó una diferencia clave entre un envejecimiento saludable y uno con deterioro cognitivo.
Esta es una investigación que describe un mecanismo en tres frases:
- Fase 1: el envejecimiento intestinal provoca cambios en la microbiota y el metabolismo.
- Fase 2: las células mieloides del intestino detectan estas alteraciones y generan una respuesta inflamatoria que compromete la conexión con el cerebro mediante el nervio vago.
- Fase 3: la interrupción de esta comunicación contribuye a la pérdida de memoria.
El nervio vago es el componente principal del sistema nervioso parasimpático, el cuál conecta el cerebro con casi todos los órganos. Su función principal es regular las acciones involuntarias del cuerpo como: el descanso, digestión, frecuencia cardiaca y gestionar el retorno a la calma después del estrés.
Hallazgos
Los expertos evidenciaron que en los experimentos con los ratones, al restaurar la actividad del nervio vago se podía recuperar la función de memoria de un animal viejo a niveles parecidos a los de un animal joven.
Asimismo, se plantea la posibilidad de desarrollar estrategias terapéuticas que estén basadas en esta vía, ya que la estimulación del nervio vago ya está aprobada en diversos países para tratar síntomas de epilepsia.
Además, los ratones libres de gérmenes desarrollaron un deterioro cognitivo más lento, lo cual indicó que algunos componentes de la microbiota contribuyen a este proceso. El grupo de expertos explicaron que la bacteria Parabacteroides goldsteinii, cuya producción aumenta con la edad y produce inflamación afectando la actividad del nervio vago.
Entre tanto, los ratones jóvenes con esta especie bacteriana tenían pérdida de capacidades en reconocimiento de objetos y laberintos, la activación del nervio vago en ratones viejos restauró su rendimiento cognitivo a niveles comparables con los ratones jóvenes.
La investigación reveló que la memoria no es exclusiva del cerebro -el intestino puede actuar como un control silencioso- lo que sugiere que ajustar el microbioma o activar el nervio vago podría ser una estrategia para mantener la mente ágil en la vejez.
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