Cuídate, mamá…

En la mayoría de nuestras familias, la madre es el centro de cohesión del núcleo familiar. De ahí que cuando la madre fallece, la familia tiende a desunirse, a menos que alguien más, generalmente una de las hijas, asuma el rol de mantener esa unión. Y pocas veces nos ponemos a pensar en la presión que puede generar ser responsables de una familia entera por tantos años. 

Cuando ofrezco charlas o dirijo grupos de apoyo de mujeres y les hago la pregunta de que las hace felices, la contestación es siempre la misma: mis hijos y mi familia. De la misma forma, cuando pregunto cuando fue la última vez que se hicieron una mamografía, la respuesta es que fue hace varios “años” por “falta de tiempo”. Para las madres las prioridades están claras: cuido a todos, me preocupo por todos, y el tiempo que me sobra lo dedico a mí. Es como si ocuparse de ellas mismas les generara sentido de culpa.  Y eso es algo que nosotras, las hijas e hijos, necesitamos comenzar a ayudarlas a cambiar. 

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Pero esta falta de autocuidado no solamente se limita muchas veces a la salud física. Pienso que en este mundo tan complejo que estamos viviendo, la salud emocional de las madres cuelga a veces de un hilo.  Cuando los niños son pequeños, la responsabilidad, unida a esa carga que llevan las madres que trabajan, que son la mayoría, les genera un estrés y ansiedad enormes. Y llega un momento en que se acostumbran a vivir así y lo ven como algo completamente normal. Y ya cuando los hijos son “grandes”, tal vez no está la responsabilidad de cuidarlos o estudiar con ellos, pero con la adolescencia y la adultez de los muchachos llegan también otras situaciones retantes que cargan emocionalmente a tantas madres. 

Mamitas, ustedes necesitan cuidarse. Y para hacerlo va a hacer falta que se consideren una prioridad en sus vidas y que hagan a los demás responsables por lo que les toca, y eso incluye a sus hijos. Comparto algunas sugerencias que nacen de lo que he vivido con madres a mi alrededor: 

  • Díganle no a la búsqueda de perfección…el buscar hacerlo todo perfecto y cubrir todas las bases las va a matar
  • Mueve tu cuerpo de la forma que más disfrutes
  • Deja que tus hijos aprendan…no debes resolverlo todo (ni cuando son niños y menos cuando son adultos). El permitir que cometan errores y se levanten va a hacerlos crecer y desarrollar responsabilidad y resiliencia. 
  • Recuerda quien eras antes de ser madre. No pierdas tu esencia. Comparte con tus amistades sin sentirte culpable.  Esos encuentros que muchas veces se transformar en grupos de apoyo que ayudan a respirar mejor.  
  • Cuando tu mente se vuelva “loquita” queriendo resolverlo todo, pausa, respira y pregúntate “¿Cuál es mi verdadera prioridad en este momento?”
  • Busca ayuda profesional si entiendes que las responsabilidades que cargas están lacerando tu salud mental, si te sientes deprimida o ansiosa. Y recuerda siempre que admitir que somos vulnerables no es señal de debilidad, sino de fortaleza. 

Hay etapas en la vida de tus hijos que inevitablemente van a ser más estresantes que otras, pero eso no quiere decir que ser madre tiene que robarte tu paz y tu salud física y emocional.  Recuerda que todos nosotros aprendimos del ejemplo, de lo que observamos en nuestras madres y padres. Que tus hijos puedan entender que te amas a ti, que te ocupas de tu bienestar, y que eres una prioridad en tu vida. Eso te va a hacer mejor madre. ¡Feliz día de las madres a todas! 

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