Cuidado con la gravedad…

Que si retomaron las negociaciones…que si las detuvieron. Que si extendieron la tregua…que si la redujeron. Que si obstaculizaron el paso de los buques petroleros en el Estrecho de Ormuz…que si abrieron la ruta. Que si van a activar el servicio militar obligatorio o no…

Todos los días es algo distinto, nuevos miedos, nuevas inseguridades. No se ustedes, pero a veces me siento como cuando estábamos en medio de la pandemia, que en vez de vivir “un día a la vez” estábamos un poco viviendo de medio día en medio día. El momento más histérico que histórico que estamos experimentando es un recordatorio claro de que la vida está marcada por la incertidumbre. Si bien vivimos por temporadas con algo de estabilidad, de repente aparece esa bofetada cósmica del Universo a recordarnos que nada es seguro, y que las crisis son inevitables. 

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Cuando en alguna de mis charlas o talleres pregunto al público sobre su percepción de la palabra “crisis”, casi siempre la mayoría de los presentes admiten que para ellos significa algo negativo. Sin embargo, la palabra, que viene de “crenos”, en griego, realmente significa “cambio.” Y el cambio muchas veces puede ser algo positivo. He escuchado decir a algunas personas que este momento que estamos viviendo es el “peor” en la historia. No creo. Cualquiera que ha tomado un curso de historia mundial sabe que hemos pasado por momentos peores. Pero también es cierto que hace mucho tiempo que no teníamos tan presente la posibilidad de una guerra mundial y las consecuencias que podría traer la misma en una era nuclear.  

¿Y qué podemos hacer al respecto? Es claro que no tenemos control alguno sobre las decisiones que tomen los líderes mundiales que nos han empujado a esta situación. De lo único que podemos tener control es de como reaccionamos todos los días a nuestros estresores y a como tratamos a los demás. No hay necesidad de ser consumidos por la ansiedad. Escuchando en estos días el podcast del gran Eckhart Tolle, autor de “El poder del ahora”, me sentí inspirada a compartir lo que este gran maestro dice sobre la “gravedad” que nos hala y nos hunde. El se refería, no a la gravedad de la situación que estamos viviendo, sino a la fuerza de gravedad que ejercen los medios que amplifican la negatividad y nos halan hacia un mayor abismo emocional. 

Soy periodista hace muchos años, pero tengo que admitir que los medios de comunicación que consumimos, incluyendo las redes sociales, se convierten en más que fuentes de información, en agentes de miedo. Y no es que no estén ofreciendo la información correcta, es posible que lo que están diciendo es cierto, pero es solo una parte de la realidad. Si queremos vivir en paz en medio del caos que nos rodea, necesitamos desconectarnos parcialmente de la noticia constante y aplastante. Y les garantizo que por cada noticia negativa que lean sobre este país, o el planeta, hay diez noticias positivas que nunca van a llegar a los medios. Pienso en eso cada vez que siento que la gravedad me está atrayendo. 

En vez de preocuparnos sobre lo que pudiese pasar, vamos a ocuparnos en crear momentos positivos a nuestro alrededor. Vamos a enfocarnos en ayudar a otros; en involucrarnos en actividades que nos hagan felices; en compartir con personas que nos eleven el espíritu y nos hagan reír. Respira profundo cuando reconozcas que estás teniendo pensamientos catastróficos y sustitúyelos por un “No sé lo que pueda pasar, pero no voy a cruzar el puente antes de llegar al río”.  

Todos quisiéramos la paz mundial, pero la verdadera paz para cada uno de nosotros es la que podamos crear internamente y proyectar a nuestro entorno inmediato no importa lo que esté ocurriendo allá afuera. Es lo único sobre lo que tenemos control. Respira, ora, medita, ten fe, sé un buen ser humano, y suelta el miedo. Todo está en Orden Divino.  

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