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Bienestar GeneralLily García

Todo por los hijos…

Creo que el título del taller que estaba ofreciendo ese día era “Los secretos de las personas felices.”  Una mujer que estaba presente nos confesó que luego de tener su casa saldada, la había hipotecado para ayudar a su hijo a pagar una deuda que tenía. 

Ahora se arrepentía porque la deuda de la casa le impedía retirarse. El hijo continuó con su vida y, por supuesto, no tenía con que ayudarla a pagar la hipoteca. Al preguntarle por qué lo había hecho, su respuesta fue: “Porque uno cree que tiene que darlo todo por los hijos.  Ahora entiendo que debí haberlo dejado que él se hiciera responsable por esa deuda.” 

Y son muchas las historias que uno escucha acerca de madres que sacrifican su bienestar físico, económico y emocional por satisfacer necesidades de hijos adultos que serían perfectamente capaces de resolver por ellos mismos. En las ocasiones en que he trabajado en el sistema correccional con grupos de coaching con confinados y confinadas he conocido muchos ejemplos. Recuerdo ver a algunos con calzado deportivo que fácilmente tiene que haber costado más de cien o doscientos dólares el par en la calle. Y los tienen porque madres, abuelas o tías se los compraron porque ellos se lo pidieron. 

Como en las instituciones penales visten todos iguales, esos tenis se convierten en un símbolo de estatus. Quién sabe el sacrificio que han tenido que hacer esas madres, en su mayoría mujeres de muy pocos recursos económicos, para que sus hijos o hijas confinados pudiesen tener allá adentro ese lujo.   

Y ni les cuento de las que terminan presas por intentar entrar teléfonos celulares o drogas a sus hijos o nietos dentro de las cárceles.  Puede que les suene como casos exagerados, pero son mucho más comunes de lo que pensamos.  Y todo dentro de la mentalidad de que por un hijo se hace cualquier cosa. 

Hay quien me ha dicho que yo no podría entender esta disfunción en las relaciones entre madres e hijos porque yo no soy madre.  Primero, sí es una disfunción, porque estas son relaciones donde no existen límites saludables. Y segundo, no seré madre, pero conozco a muchas que se han crecido ante mis ojos precisamente porque han sabido decir “no” o “eso te toca a ti” cuando han tenido que hacerlo.

¿Cómo entonces puede una madre o padre buscar establecer límites saludables en las relaciones con sus hijos adultos? Lo ideal hubiese sido tenerlas desde que eran niños, pero si ese no es el caso, lo primero que pueden hacer es mirarse por dentro y preguntarse en toda honestidad cuán incómodos se sienten en su relación con sus hijos. ¿Te sientes mal o culpable después de que accedes a hacer cosas por ellos cuando debiste haberlos hecho responsables? ¿Te da coraje contigo misma no haber sido lo suficientemente asertiva y exigirles lo que tienes derecho a exigirles?  Si es así, creo que es hora de comenzar a rediseñar esas relaciones.

Puedes comenzar recordando que la mayoría de nosotros crecimos emocionalmente a raíz de habernos caído y levantado, de haber cometido errores y aprendido de ellos.  De la misma forma, esos errores que han cometido y cometerán tus hijos son su creación y por lo tanto su responsabilidad.  Una cosa es que estés ahí para ellos en las buenas y en las malas y otras que les resuelvas todo.  Eso no te va a hacer una mejor madre o abuela. Ponerle límites a lo que toleras y no en una relación es lo que va a determinar que esos hijos y nietos entiendan lo que es saludable y se hagan responsables por lo que les toca. 

No. No tienes que hacerlo “todo” por un hijo o una hija para probar que eres buena madre. Tienes todo el derecho de decir que no cuando algo va a en contra de tu sano juicio, ética o valores. No eres responsable por los líos en los cuales ellos se meten. Si no permites que ellos reconozcan su rol en ellos, jamás van a madurar. Te mereces vivir libre de culpas, de deudas que no son tuyas y de cargas que les tocan a otros. Y, por último, la salud mental de otros es su responsabilidad, no la tuya. Tu rol es de apoyo siempre, pero la felicidad es una decisión y una responsabilidad personal. Y eso incluye la de tus hijos.  ¡Feliz y liberado día de las madres a todas!

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