Especialistas explican las diferencias entre los tipos de trasplante, desmienten los temores a cirugías invasivas y detallan el proceso de recuperación en pacientes con cánceres de la sangre
Para una persona que enfrenta un cáncer en la sangre, escuchar sobre un trasplante de médula ósea suele detonar temores asociados a salas de cirugía o cirugías invasivas. Sin embargo, la medicina moderna ha transformado este procedimiento en una terapia celular avanzada capaz de redefinir el pronóstico de supervivencia.
Esta guía forma parte de la serie especial Cánceres de la Sangre de BeHealth, en alianza con el Hospital Auxilio Mutuo y TCT Oncology, orientada a esclarecer los principios clínicos de este tratamiento disponible en Puerto Rico.
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La médula ósea actúa como el centro de manufactura de la sangre, necesitando células madre o hematopoyéticas como materia prima para generar glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Cuando estas células se enferman o fallan en su función, se requiere reemplazarlas mediante un trasplante celular.
Aunque suele vincularse principalmente con leucemias, linfomas y mieloma múltiple, el procedimiento también atiende fallos medulares benignos severos, como la anemia aplásica.
Autólogo versus alogénico: Dos rutas con objetivos distintos
El diagnóstico determina la modalidad de trasplante requerida; el autólogo, habitual en mieloma múltiple y ciertos linfomas, donde se reinfunden las células madre del propio paciente para rescatar la médula tras altas dosis de quimioterapia sin riesgo de rechazo inmunológico; o el alogénico, indicado principalmente en leucemias agudas y linfomas agresivos, en el que la médula dañada se sustituye por células de un donante compatible para regenerar el sistema sanguíneo, exigiendo un monitoreo riguroso para prevenir el rechazo.
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Desmitificando el procedimiento: sin bisturí ni sala de operaciones
Uno de los mayores temores entre los pacientes es la creencia de que el trasplante requiere una intervención quirúrgica compleja con anestesia general. La Dra. Karla Feliciano, hematóloga-oncóloga especialista en trasplante de médula ósea y terapia celular, aclara este concepto erróneo.
«El mito más común es creer que el trasplante requiere una cirugía o entrar a sala de operaciones. La realidad es que no es quirúrgico: en la gran mayoría de los casos las células madre se recolectan directamente del torrente sanguíneo a través de una vía venosa y se administran al paciente mediante una infusión, muy similar a una transfusión de sangre», explica la especialista.
El periodo de restablecimiento responde al tipo de abordaje. Mientras que el trasplante autólogo contempla una etapa crítica de tres a cuatro semanas y una recuperación general de uno a tres meses, el alogénico demanda un seguimiento más prolongado —de uno a dos años— para vigilar el riesgo de infecciones y vigilar la adaptación del nuevo sistema inmune.
Para la Dra. Feliciano, el valor principal de este campo radica en transformar diagnósticos desoladores en segundas oportunidades.
«El trasplante de médula ósea es una oportunidad de vida. Cuando un paciente escucha el diagnóstico de una leucemia aguda o un cáncer de la sangre, muchas veces siente que es una sentencia de muerte; abrir la puerta a este tratamiento brinda una esperanza real de cura o de control a largo plazo para estar presente en los hitos familiares más importantes, como la graduación de un hijo o los quince años de una nieta», concluyó.

