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Lily García

“Sanando emociones…sanando tu corazón” 

Cada día son más los estudios que validan el hecho de que nuestra salud física está intrínsicamente ligada al manejo de las emociones. Nuestros pensamientos y nuestras emociones eventualmente se van a convertir en biología. Somos seres holísticos, vehículos en los cuales la mente, el espíritu, la emoción y el cuerpo físico viven en unión e intercambio constante.  

A pesar de que todos los órganos y sistemas de nuestro cuerpo son influenciados de alguna forma por las emociones, en el caso del corazón es mucho más fácil identificarlo. Es común escuchar frases como “Se me hincha el corazón”, o “Tengo el corazón partido”. Si bien nuestras emociones no pueden ni hinchar ni partir nuestros corazones literalmente, sí pueden aportar o restarle salud. Ni las emociones ni los pensamientos se los lleva el viento. Se quedan, se hacen parte de nosotros, e impactan directamente nuestros procesos físicos. 

¿Cómo podemos aportar emocionalmente a nuestra salud cardiovascular? 

Activa tu capacidad de amar. Busca oportunidades para dar a otros ese amor que llevas por dentro y a la misma vez, ábrete a recibir el amor de otros. Al soltar el orgullo permites que los demás sean generosos contigo. De la misma forma que el músculo del corazón hay que fortalecerlo con actividad física, la energía del amor se trabaja, sostiene y cultiva. Hay una frase que dice “Ama como si nadie nunca te hubiese herido”. No permitas que las heridas de un corazón roto te impidan seguir amando la vida.    

Toma la decisión de perdonar.  El seguir acumulando corajes y resentimientos va a cargar ese corazón de peso innecesario.  Que el coraje te motive a hacer cambios, a abrirte nuevos caminos, pero que no se convierta en esa armadura para un corazón que merece ser libre. Sanas tu corazón cuando te niegas a darle el control de tus emociones a alguien que te ha herido. Y eso se logra a través del perdón. 

Cultiva la alegría en tu vida. Agradece lo que tienes y celebra lo que vas logrando. Conéctate con actividades y personas que te hagan feliz.  Enfócate en lo que tienes, no en lo que has perdido, y celébralo todos los días. 

Cultiva la compasión. Reconoce que todos somos uno, y aprovecha las oportunidades para aliviarle el sufrimiento a los demás. No hay mejor forma de abrir el corazón que conectándonos en empatía y compasión con otros. 

Tu corazón merece sanar. Así que comienza a trabajar con aquello que sí puedes controlar, canaliza emociones tóxicas, y fortalece ese centro pulsante de vida que te sostiene y al cual tanto le debes.  

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