El ahogamiento infantil: Una emergencia rápida, silenciosa y prevenible

El agua es sinónimo de diversión familiar, pero un descuido puede cambiarlo todo en cuestión de segundos. El ahogamiento infantil sigue siendo una de las mayores amenazas para los menores de edad; un peligro que el Dr. Oscar Muñiz, emergenciólogo pediátrico y miembro de la Sociedad Puertorriqueña de Pediatría, busca mitigar con urgencia a través de esta guía de salud.

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«El ahogamiento es la causa más común de muerte accidental en niños de 1 a 4 años de edad, superando las muertes por defectos congénitos desde el 2018 hasta el presente», advierte el especialista.

La falsa creencia: el peligro es silencioso

Existe la idea equivocada de que una persona que se está ahogando siempre grita, pide auxilio o agita los brazos con fuerza para llamar la atención. En la vida real, el proceso es extremadamente rápido y completamente silente. Cuando el cuerpo lucha por obtener oxígeno, la respuesta fisiológica se concentra de forma exclusiva en intentar respirar, lo que impide mecánicamente emitir sonidos o pedir ayuda de manera consciente.

Para proteger a los más pequeños en piscinas, playas o incluso en el hogar con bañeras y cubos, es vital aprender a identificar las señales de alerta reales en el agua:

  • Cabeza sumergida o la boca justo al nivel de la superficie del agua.
  • El cuello tirado hacia atrás con la boca completamente abierta.
  • Ojos cerrados, vidriosos o pelo cubriendo la frente sin que el niño intente quitárselo.
  • Movimientos corporales verticales que simulan el intento de subir una «escalera invisible» sin lograr avanzar ni flotar de forma segura.

Cadena de supervivencia: ¿cómo actuar en segundos?

Ante un evento de ahogamiento, la rapidez en la respuesta es el factor predictivo más importante para evitar daños neurológicos, un paro cardíaco o complicaciones a largo plazo. La cadena de supervivencia consta de cuatro pasos clave para cualquier cuidador:

  1. Prevención: Mantener supervisión activa y constante. Esto implica evitar el uso del celular, distractores o el consumo de alcohol mientras se cuida a menores.
  2. Pedir ayuda: Alertar de inmediato a los salvavidas en la zona o llamar al sistema de emergencias 911.
  3. Rescate seguro: Si no se tiene entrenamiento en rescate acuático, se deben enfocar los esfuerzos desde fuera del agua lanzando un objeto flotante o una soga para no generar víctimas secundarias.
  4. Primeros auxilios (RCP): Una vez fuera del agua, se debe verificar si el niño responde o respira. Si está inconsciente, es vital iniciar la Reanimación Cardiopulmonar (RCP) combinando compresiones en el pecho y ventilaciones (respiraciones de rescate), además de administrar oxígeno tan pronto como esté disponible.

Vigilancia médica obligatoria

Aunque el menor parezca haberse recuperado por completo tras el rescate o la estimulación, el traslado a una sala de emergencias con capacidad pediátrica es obligatorio. Complicaciones graves derivadas de la falta de oxígeno, como el edema pulmonar, la hipotermia o la aspiración de agua, pueden manifestarse de forma tardía horas después del incidente. En estos escenarios, la proactividad y la prevención constante siguen siendo las mejores herramientas de protección familiar.

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