El síndrome de ovario poliquístico (PCOS) podría estar a punto de dejar atrás un nombre que, durante décadas, ha generado confusión entre pacientes y profesionales de la salud. Una propuesta publicada en The Lancet plantea renombrar esta condición como síndrome ovárico metabólico poliendocrino (PMOS, por sus siglas en inglés), con el objetivo de reflejar de manera más precisa la complejidad de una enfermedad que afecta mucho más que los ovarios.
La iniciativa representa un cambio de paradigma en la forma de entender esta condición, considerada uno de los trastornos endocrinos más frecuentes en mujeres en edad reproductiva. Más que una modificación terminológica, los expertos sostienen que el nuevo nombre puede favorecer un diagnóstico más oportuno, mejorar la comprensión de la enfermedad y reducir el estigma que aún enfrentan muchas pacientes.
¿Por qué cambiar el nombre del síndrome?
Durante años, especialistas y organizaciones de pacientes han cuestionado el término síndrome de ovario poliquístico, ya que no describe adecuadamente la enfermedad. De acuerdo con el artículo publicado en The Lancet y analizado por Medscape, el nombre actual se centra en la presencia de «ovarios poliquísticos», cuando en realidad muchas pacientes no presentan quistes, sino folículos cuya maduración se interrumpe.
Además, los investigadores señalan que ese hallazgo no constituye la causa ni la característica principal del trastorno, que también involucra importantes alteraciones hormonales, metabólicas, dermatológicas y psicológicas.
La propuesta fue desarrollada tras un proceso internacional de consenso que se extendió durante 14 años y reunió a 56 organizaciones de distintos países, coordinadas por el Centro Monash para la Investigación e Implementación en Salud, en Australia, junto con asociaciones científicas y grupos de pacientes.
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Una enfermedad que va mucho más allá de los ovarios
El cambio de nombre busca reconocer que se trata de una enfermedad multisistémica, capaz de afectar múltiples órganos y funciones del organismo.
Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran las menstruaciones irregulares, el acné persistente, el exceso de vello corporal o facial, el aumento de peso, la resistencia a la insulina, las dificultades para lograr un embarazo y alteraciones del estado de ánimo.
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Asimismo, la condición se asocia con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, enfermedad por hígado graso no alcohólico, infertilidad y depresión.
Según la información publicada, se estima que una de cada ocho mujeres en edad reproductiva vive con esta condición, aunque millones permanecen sin diagnóstico.
Un nombre que también puede reducir el estigma
Los expertos consideran que la denominación actual ha contribuido a retrasar el reconocimiento de la enfermedad y a generar ideas equivocadas tanto entre profesionales de la salud como entre las pacientes.
El comentario publicado por Medscape destaca que centrar la atención únicamente en el aparato reproductor puede invisibilizar otros componentes de la enfermedad y favorecer el estigma, especialmente en contextos donde la fertilidad tiene un fuerte valor social. También advierte que la definición tradicional puede alejar del diagnóstico a personas cuya identidad sexual no coincide con su anatomía reproductiva.
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Para los autores, nombrar correctamente una enfermedad puede cambiar la manera en que se investiga, se diagnostica y se trata, tal como ha ocurrido anteriormente con otras condiciones médicas cuyo nombre fue actualizado para reflejar mejor el conocimiento científico.
El tratamiento sigue siendo personalizado
Aunque el posible cambio de nombre no modifica las opciones terapéuticas disponibles, sí refuerza la necesidad de un abordaje multidisciplinario.
Actualmente, el manejo del síndrome continúa adaptándose a las necesidades de cada paciente e incluye cambios en la alimentación, actividad física, control del peso, medicamentos para regular los ciclos menstruales, tratamiento de la resistencia a la insulina, terapias para la fertilidad cuando son necesarias y apoyo en salud mental.
La propuesta de adoptar el nombre PMOS representa un paso hacia una comprensión más amplia de una condición que afecta la calidad de vida de millones de mujeres y que requiere una atención integral, más allá del ámbito exclusivamente ginecológico.

