Disponible en la isla como terapia de rescate, este tratamiento celular ofrece una oportunidad de cura a pacientes que no han respondido a la quimioterapia tradicional
Lograr que el propio sistema inmunológico aprenda a identificar y destruir tumores que antes se consideraban intratables ya es una realidad clínica. En Puerto Rico, la terapia celular CAR-T se ha consolidado como una alternativa de rescate para pacientes con ciertos tipos de cánceres de la sangre que no han respondido a los tratamientos convencionales.
Aunque no se administra como primera opción de tratamiento, su impacto en fases avanzadas representa un cambio de paradigma, particularmente en enfermedades agresivas como el linfoma difuso de células B grandes. El tema, forma parte de la serie educativa Cánceres de la Sangre en Puerto Rico: conocerlos, detectarlos y tratarlos a tiempo, desarrollada por BeHealth en alianza con el Hospital Auxilio Mutuo y TCT Oncology.
«La historia natural de esta enfermedad, antes del CAR-T, era la quimioterapia y un trasplante autólogo. Para quienes no respondían o recaían después de ese trasplante, la sobrevida a largo plazo era menor del 6%. Hoy, con la terapia CAR-T, potencialmente podemos curar a la mitad de esos pacientes», explicó el doctor Cristian Rodríguez, hematólogo-oncólogo.
Reprogramar las defensas del cuerpo
A diferencia de la quimioterapia tradicional —que actúa deteniendo el crecimiento celular tanto de tejidos enfermos como sanos—, la terapia CAR-T extrae los linfocitos T del paciente y los modifica genéticamente en un laboratorio especializado.
Lee: Terapias celulares y trasplantes en Puerto Rico igualan estándares globales
Allí se les inserta un receptor sintético que funciona como un sistema de rastreo molecular. Al volver a infundirse en el torrente sanguíneo, estas células reconocen de forma específica la proteína tumoral, se adhieren a ella y desencadenan su eliminación.
«Se trata de reprogramar los linfocitos T para convertirlos en soldados especializados que puedan reconocer el cáncer, adherirse a él y destruirlo», resumió el especialista.
¿Quiénes pueden beneficiarse?
La indicación aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) no depende de la edad, sino del historial terapéutico y la condición física del paciente. Esta alternativa está dirigida a quienes no han respondido o han recaído tras tratamientos convencionales en diagnósticos como el linfoma difuso de células B grandes, el linfoma folicular, el linfoma de células de manto, el mieloma múltiple y ciertos tipos de leucemias (CLL y ALL).
Te puede interesar: Biopsia de médula ósea: ¿Qué es y para qué sirve?
Asimismo, el doctor Rodríguez aclaró que la edad cronológica no descarta a un paciente. La decisión se fundamenta en la fuerza de sus órganos vitales —como el corazón, riñones y pulmones— para tolerar los efectos secundarios de la terapia, entre ellos el síndrome de liberación de citoquinas (inflamación generalizada con fiebre y caída de presión) o toxicidades neurológicas transitorias.
«La gran mayoría de estas complicaciones son temporales y reversibles si se tratan a tiempo, pero exigen que el procedimiento se realice en un centro hospitalario con acceso inmediato a unidades de cuidado intensivo y especialistas en neurología e infectología», puntualizó.
Disponible en la isla desde 2024, el uso de CAR-T continúa bajo investigación clínica internacional para evaluar su eficacia en etapas más tempranas, así como en tumores sólidos y enfermedades autoinmunes.

