La Dra. Catherine Rodríguez, dermatóloga, explicó cómo el baño, la humectación y otros cuidados cotidianos pueden ayudar a prevenir brotes y mejorar la calidad de vida.
La dermatitis atópica no se limita a las lesiones visibles en la piel. La picazón, la resequedad, las alteraciones del sueño y el impacto emocional pueden afectar la vida cotidiana de quienes viven con esta enfermedad y también de sus familias. Por eso, durante el V Simposio Nacional para Pacientes con Dermatitis Atópica de FUNDAPSO,la Dra. Catherine Rodríguez puso el foco en un aspecto fundamental del manejo de la condición: el cuidado de la barrera cutánea.
La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica y multifactorial que tiene, entre otros elementos, una base genética y una alteración de la barrera cutánea. Esta barrera funciona como una especie de protección que ayuda a conservar el agua de la piel y a impedir la entrada de irritantes y agentes infecciosos.
La especialista utilizó una comparación sencilla para explicarlo a los pacientes: la piel puede entenderse como una pared formada por “ladrillos y cemento”. En este caso, los queratinocitos serían los ladrillos y los ácidos grasos cumplirían una función similar al cemento. Cuando esta estructura está alterada, la piel pierde agua con mayor facilidad y queda más expuesta a irritantes y otros factores que pueden favorecer la inflamación.

La picazón puede convertirse en un círculo difícil de romper
Uno de los síntomas que más afecta a las personas con dermatitis atópica es el prurito. La piel seca favorece la picazón y el rascado puede aumentar la inflamación y deteriorar todavía más la barrera cutánea.
“La piel se va a resecar y tener piel seca lleva la picazón. Es como un círculo vicioso”, explicó la especialista, quien insistió en que la humectación debe formar parte de la rutina diaria.
La alteración de la barrera también puede facilitar la aparición de infecciones, mientras que el impacto de la enfermedad puede extenderse a ámbitos como el sueño, la autoestima y las relaciones sociales. La especialista recordó que la dermatitis atópica también afecta a adultos y que su impacto no necesariamente termina cuando desaparecen temporalmente las lesiones.
Por eso, el objetivo no debe ser únicamente reaccionar cuando aparece un brote, sino mantener la piel protegida de manera constante.
Más allá de los medicamentos
Uno de los mensajes centrales de la conferencia fue que el tratamiento de la dermatitis atópica no se reduce al uso de medicamentos.
“Más que un corticoide, más que otro medicamento, la base del tratamiento de esta condición es el adecuado baño y la adecuada humectación”, señaló la dermatóloga.
Esto no significa que los medicamentos carezcan de importancia. La especialista explicó que los corticoides y otros principios activos son tratamientos dirigidos a las lesiones y deben utilizarse bajo indicación y seguimiento médico. También advirtió sobre el uso de medicamentos durante períodos prolongados sin una nueva valoración profesional.
En cambio, los humectantes y emolientes cumplen una función diferente: ayudan a reducir la pérdida de agua y, en el caso de los emolientes, pueden aportar lípidos que contribuyen a restaurar la barrera cutánea.
¿Cómo debe ser el baño?
La rutina de baño fue otro de los puntos abordados durante la conferencia. Entre las recomendaciones ofrecidas estuvieron:
- Utilizar agua templada, evitando temperaturas extremadamente calientes o frías.
- Mantener los baños cortos, de aproximadamente 8 a 10 minutos.
- Evitar esponjas, cepillos y estropajos que generen fricción.
- Secar la piel con pequeños toques, sin frotarla.
- Aplicar el humectante o emoliente después del baño, cuando la piel todavía conserva humedad.
La especialista también recomendó el uso de limpiadores adecuados para las personas con dermatitis atópica.
Otro consejo fue evitar productos con fragancias u otros componentes que puedan resultar irritantes, especialmente cuando la piel se encuentra comprometida.
El mejor emoliente es el que el paciente puede usar
No existe una única presentación que funcione de la misma manera para todas las personas. Durante la charla se explicó que los emolientes pueden encontrarse en diferentes texturas, desde ungüentos y pomadas hasta cremas, y que la elección puede depender del estado de la piel, la zona del cuerpo y las preferencias del paciente.
Pero hay un elemento que puede ser incluso más importante que la textura: la adherencia.
“El mejor emoliente es el que se usa. De nada nos sirve tenerlos en la casa si no los estamos aplicando adecuadamente”, enfatizó la especialista.
La afirmación cobra especial relevancia cuando se considera que algunas personas abandonan determinados productos porque resultan incómodos, demasiado grasos o difíciles de incorporar a su rutina. En esos casos, la recomendación fue conversar con el dermatólogo para encontrar alternativas que permitan mantener el cuidado de la piel.
Pequeños cambios que pueden hacer la diferencia
El cuidado de la dermatitis atópica también puede extenderse a la ropa y al ambiente. La Dra. Rodríguez recomendó preferir prendas de algodón, evitar materiales que aumenten la irritación, retirar las etiquetas que puedan generar fricción y lavar la ropa antes de estrenarla. También sugirió mantener los espacios ventilados, limpiar con frecuencia los edredones y reducir, en lo posible, elementos que acumulen polvo, como alfombras y peluches grandes.
Para controlar la picazón, además de mantener la piel humectada, mencionó algunas estrategias que pueden ayudar a aliviar la sensación de prurito, como aplicar las cremas emolientes frías y utilizar agua termal en las zonas donde aparece la molestia, siempre evitando reemplazar con estas medidas el tratamiento indicado por el dermatólogo.
También recomendó mantener las uñas cortas, especialmente en los niños, para disminuir el daño que puede provocar el rascado.
Conocer la enfermedad también es parte del tratamiento
Durante la conferencia hubo un llamado constante al empoderamiento del paciente. Llevar un diario de síntomas, identificar posibles desencadenantes y tomar fotografías de la evolución de la piel pueden convertirse en herramientas útiles para reconocer patrones y conversar con el especialista.
“Ustedes tienen que hacerse partícipes en la consulta”, señaló la dermatóloga al explicar la importancia de que los pacientes observen su enfermedad y comuniquen aquello que identifican en su día a día.
También insistió en la importancia de mantener las consultas médicas y no modificar por cuenta propia los tratamientos indicados. La adherencia, explicó, puede ayudar a prevenir recaídas y a reducir riesgos asociados con el uso inadecuado de medicamentos.
El mensaje final estuvo lejos de centrarse únicamente en la piel. Para la Dra. Catherine Rodríguez, convertir el cuidado en un hábito puede tener un impacto que trasciende los síntomas.
“Esos pequeños gestos lo cambian todo”, afirmó. Dormir mejor, disminuir la picazón y convertir la humectación en parte de la rutina puede contribuir a mejorar la calidad de vida tanto del paciente como de quienes lo acompañan.

