¿Sabías que casi uno de cada tres adolescentes en Estados Unidos ya muestra señales de prediabetes? Así lo revela un nuevo análisis de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), que ha encendido las alarmas entre expertos en salud pública.
Hablamos de más de 8 millones de jóvenes entre los 12 y 17 años con niveles de azúcar en sangre más altos de lo normal. Lo preocupante es que muchos ni siquiera lo saben, porque la prediabetes no da síntomas evidentes. Pero si no se controla, puede avanzar a diabetes tipo 2 y abrir la puerta a problemas del corazón, los riñones y la vista.
¿Cómo llegamos hasta aquí?
Los especialistas aseguran que no es solo una cuestión de números. Aunque el CDC ajustó su metodología para reflejar mejor la realidad (usando datos más actualizados y precisos), lo cierto es que el sobrepeso, el sedentarismo y la mala alimentación están afectando cada vez más a los adolescentes.
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Comer mal, moverse poco, dormir mal, todo eso suma. Y aunque suena repetido, sigue siendo una verdad incómoda: el estilo de vida que muchos jóvenes llevan hoy está pasándoles factura.
¿Cuáles son los factores de riesgo?
- Tener sobrepeso u obesidad
- Ser sedentario (pasar horas frente a pantallas sin moverse)
- Antecedentes familiares de diabetes tipo 2
- Pertenecer a ciertos grupos étnicos, como asiáticos o isleños del Pacífico, que según estudios recientes tienen un riesgo aún mayor
- Vivir en hogares con bajos ingresos, donde el acceso a comida saludable es más limitado
Y ojo: aunque estos datos vienen de EE.UU., la situación no es tan diferente en América Latina. El aumento de comida ultraprocesada, las rutinas escolares cargadas y la falta de espacios seguros para hacer ejercicio también están presentes en nuestros países.
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¿Hay solución? ¡Sí!
La buena noticia es que la prediabetes no es una condena. Con algunos cambios, se puede revertir. Y cuanto antes se detecte, más fácil es tomar control.
Aquí van algunos pasos sencillos pero poderosos:
- Moverse más: al menos 30 minutos diarios de actividad, ya sea caminar, bailar o montar bici. Lo que más te guste.
- Comer mejor: menos azúcar, menos fritos, más frutas, verduras, granos y agua.
- Dormir bien: sí, el descanso también regula el azúcar.
- Chequeos médicos regulares, sobre todo si hay antecedentes en la familia.
- Hablar del tema en casa y en la escuela, sin culpas, con información clara y real.
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Un mensaje para padres, profes y jóvenes
Este no es un tema para asustarse, sino para ocuparnos con tiempo. La salud metabólica empieza en la infancia y adolescencia. No se trata de prohibir ni de poner dietas estrictas, sino de crear hábitos que duren toda la vida.
Educar, acompañar y facilitar opciones saludables es la clave. Y como sociedad, debemos asegurarnos de que cada adolescente tenga la oportunidad de crecer sano.

