La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que afecta a niños y adultos, y cuyo impacto va mucho más allá de lo físico: influye en el bienestar emocional, el aprendizaje e incluso en la vida social de quienes la padecen. En este contexto, la alimentación ha sido señalada muchas veces como la principal culpable, lo que ha llevado a familias a tomar decisiones drásticas sobre la dieta. Pero, ¿realmente la comida es la causa del problema?
Durante el IV Simposio Nacional para Pacientes con Dermatitis Atópica en Bogotá, Colombia, la Dra. Diana Avilés, nutricionista clínica, fue clara al respecto: “La culpa no es de la alimentación en la mayoría de los casos. Es una enfermedad multicausal”.
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Sin embargo, advirtió que muchas familias, en la búsqueda de soluciones rápidas, cometen un error frecuente:
“El afán de encontrar respuestas nos lleva a realizar dietas demasiado restrictivas. Y eso es malo, sobre todo en niños en crecimiento. Podemos terminar generando problemas como la desnutrición”.
La doctora enfatizó que más allá de eliminar alimentos sin diagnóstico claro, lo fundamental es contar con un acompañamiento profesional y construir planes nutricionales que sean completos, equilibrados, suficientes, variados e higiénicos.
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El papel de los nutrientes y la microbiota
En su intervención, Avilés resaltó que la alimentación no puede reducirse solo a calorías. “Comer no es solo energía; es invitar a los sentidos con colores, olores, texturas y sabores. Y también es cuidar a la microbiota, esos microorganismos que pesan hasta 2 o 3 kilos en nuestro cuerpo y que debemos proteger”, explicó.
Los micronutrientes como vitaminas y minerales, junto con alimentos ricos en omega-3, antioxidantes, probióticos y prebióticos, cumplen un rol fundamental en la regulación de la inflamación. Frutas, verduras de colores intensos, semillas como la linaza y la chía, frutos secos y pescados como la tilapia son, según la experta, “medicamentos naturales” que ayudan a mantener el equilibrio.
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Prevención desde el embarazo y la infancia
Uno de los puntos más llamativos de la conferencia fue la importancia de la prevención temprana. Avilés recordó que los llamados “mil primeros días de vida”, desde la concepción hasta los dos años, son decisivos:
“Si la madre se alimenta bien durante el embarazo, ofrece lactancia materna y luego incorpora una dieta balanceada en el niño, estamos impactando en su sistema inmune y reduciendo riesgos a futuro”.
Además, hizo un llamado a los padres para ser ejemplo en casa: “En consulta llegan niños que no comen verduras, pero cuando pregunto si los papás las consumen, la respuesta suele ser no. ¿Cómo esperar hábitos en los hijos si no los mostramos nosotros?”.
Alergias y acompañamiento profesional
Respecto a las alergias alimentarias, la doctora recalcó que deben manejarse de manera rigurosa: “El diagnóstico lo hace el alergólogo, y en nutrición trabajamos de la mano para definir cómo reemplazar lo que se retira de la dieta. No se trata solo de quitar alimentos, sino de reponer adecuadamente los nutrientes”.
Así, si un paciente debe eliminar la leche o el huevo, se buscan alternativas como carnes, pescados, legumbres o incluso ingredientes como el banano o el aguacate para preparaciones caseras. La clave, dijo, está en la planificación y en la educación nutricional.
Nutrición como herramienta de bienestar
Al cierre de su participación, Avilés recordó que una alimentación saludable no es exclusiva de quienes tienen dermatitis atópica, sino que beneficia a toda la familia.
“Yo no veo diagnósticos, veo seres humanos. Cada persona merece una dieta adaptada a su edad, género, actividad física y estado de salud”.
Su mensaje fue claro: más que prohibiciones, la nutrición debe ser vista como un aliado para prevenir, fortalecer y mejorar la calidad de vida, tanto en quienes tienen dermatitis atópica como en quienes buscan cuidar su salud día a día.

