Alertan sobre señales de epilepsia para detección temprana

Especialistas alertan que pausas breves en la conducta o miradas fijas pueden ser signos de convulsiones y reclaman una detección temprana para evitar rezagos en su tratamiento

Quedarse con la mirada fija en un punto o tocarse repetidamente la ropa sin motivo aparente no siempre es una distracción infantil; pueden ser episodios convulsivos reales. Con la mira puesta en derribar el mito de que una convulsión implica únicamente caer al suelo y temblar, médicos y líderes comunitarios hicieron un llamado urgente a padres y maestros para detectar a tiempo la epilepsia en la niñez.

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La advertencia formó parte de la 43.ª Conferencia de Epilepsia del Caribe, organizada por la Sociedad Puertorriqueña de Epilepsia, cuya agenda se centró este año en educar sobre casos en infantes de tres y cuatro años que no están siendo diagnosticados.

«No únicamente convulsar es tirarse al piso a brincar. Hay una convulsión donde el niño se queda mirando a lo lejos, y está convulsando», alertó José Rodríguez, presidente de la Junta de Directores de la entidad.

La naturaleza intermitente de la condición suele confundir a los cuidadores. El Dr. Ignacio Pita García, neurólogo especialista en epilepsia, explicó que el trastorno es episódico: los menores pasan la mayor parte del tiempo sin síntomas, pero sufren alteraciones neurológicas repentinas de apenas un minuto o minuto y medio de duración.

«Algunos van a tener arresto en conducta: se quedan mirando a la nada, no contestan ni responden a estímulos externos. Otros tienen movimientos sutiles, como agarrarse la camisa, que parecieran tener un propósito pero no lo tienen», detalló Pita García.

Más allá del control farmacológico y neurológico de las convulsiones, la conferencia abordó la carga psicológica que acompaña al diagnóstico. De acuerdo con el psicólogo clínico Dr. Alfonso Martínez, la incertidumbre ante los episodios suele detonar cuadros de tristeza, ansiedad y desesperanza tanto en los pacientes como en sus cuidadores.

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Aunque muchos núcleos familiares demuestran una notable resiliencia para adaptarse a la rutina médica, los especialistas recalcaron que la psicoterapia representa una herramienta clave para quienes necesitan apoyo adicional, permitiendo procesar el impacto emocional y derribar el estigma social que aún rodea al trastorno.

La jornada enfatizó que el puente entre la sospecha y el diagnóstico temprano recae en los entornos cotidianos del menor. Maestros, trabajadores sociales, enfermeros y pediatras de cabecera constituyen la primera línea de defensa para notar cambios de conducta que los padres, por desconocimiento o familiaridad, podrían normalizar como simples distracciones en el salón de clases o en el hogar.

Con esta cuadragésima tercera edición, la Sociedad Puertorriqueña de Epilepsia reafirmó su compromiso de transformar la percepción pública de la condición.

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