La artritis psoriásica es una condición crónica que provoca dolor, rigidez e inflamación en las articulaciones, y que también puede afectar la piel. Entre las estrategias más sencillas y efectivas para aliviar molestias están las terapias de calor y frío, aplicadas de manera local.
El calor funciona como un relajante natural: al aplicarlo con compresas tibias, baños de agua caliente o envolturas, provoca que los vasos sanguíneos se dilaten, lo que mejora la circulación, aporta oxígeno y nutrientes, y ayuda a reducir la rigidez matutina. Además, facilita que los músculos alrededor de la articulación se aflojen y se sienta una mayor movilidad.
Lee más: Estrés emocional y artritis psoriásica: un tema que merece atención
Por otro lado, el frío es el mejor aliado para la inflamación activa. Aplicar bolsas frías o compresas de gel disminuye el flujo sanguíneo en la zona, reduce la hinchazón y calma el dolor al adormecer las terminaciones nerviosas. Es ideal en esos momentos en que la articulación se siente caliente, roja o muy inflamada.
Aunque la evidencia científica se centra más en otras artritis, los estudios coinciden en que la termoterapia local puede ser un complemento útil para quienes viven con artritis psoriásica.
¿Cuándo usar cada uno en tu día a día?
La clave está en escuchar a tu cuerpo. El frío se recomienda durante los brotes o tras la actividad física, cuando aparece inflamación repentina o dolor agudo. En cambio, el calor resulta más efectivo cuando hay rigidez persistente, sobre todo en las mañanas, o antes de realizar actividad física, ya que “precalienta” músculos y articulaciones.
Lee más: Seguimiento de la artritis psoriásica: ¿Por qué vigilarla de cerca?
Muchas personas combinan ambos: aplican frío en fases de hinchazón intensa y, cuando la inflamación baja, recurren al calor para recuperar movilidad. Esta estrategia mixta puede marcar la diferencia en la calidad de vida.
Precauciones sencillas
- Evita usar calor extremo sobre la piel afectada por psoriasis o en medio de un brote agudo.
- Protege siempre la piel con una tela delgada entre la compresa y la piel, para prevenir quemaduras o irritaciones.
- No apliques frío o calor por más de 20 minutos seguidos.
- Consulta con tu reumatólogo o fisioterapeuta para adaptar estas recomendaciones a tu situación particular.
Lee más: Artritis psoriásica: datos clave sobre la condición en Puerto Rico
En resumen: el frío es tu aliado cuando la inflamación está en su punto más alto, mientras que el calor te acompaña cuando lo que más necesitas es aliviar la rigidez. Usados con cuidado, ambos pueden convertirse en una herramienta práctica para mejorar tu día a día.

