Mi madre es la única persona que me saca por el techo. Para los que no entiendan la frase, es la que me toca los botones del coraje y me hace explotar. Sí, la coach de vida y motivadora explota de vez en cuando. Esta semana fue una de esas. Pero en vez de responder con coraje, lo hice con una interpretación actoral digna de un Oscar. Me le eché a llorar y le dije “ya no sé que más hacer para ayudarte y hacerte
feliz.” Y todo con lágrimas de cocodrilo. ¡Sufre Meryl Streep!
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Creo que mi reacción la dejó un poco en “shock” y lleva mansita y tranquila varios días. Yo adoro a mi madre. Doy la vida por ella. Y estoy clara en que, aunque ella me toque los botones del coraje, los botones son míos, y, por lo tanto, me toca a mí aprender a controlar mis reacciones. Yo reconozco también cuanto ella me ama y aprecia todo lo que hago por ella. Pero también sé que, aunque ella no lo admita, siente coraje porque sus limitaciones físicas le han robado mucha independencia. Lo resiente. Y hay ocasiones en que mis intentos por facilitarle la vida y cuidarla son interpretados como que la estoy tratando como una persona impedida o como “una nena chiquita”. No admite que necesita ayuda. Le he sugerido ayuda profesional para lidiar más saludablemente con estos cambios que han afectado adversamente su calidad de vida, pero se resiste. Para ella, su inquebrantable fe católica es la única fortaleza que necesita. Y lo cierto es que ha sido lo que la ha sostenido durante toda su vida.
Cada vez que tengo un encontronazo con ella me propongo que la próxima vez voy a reaccionar diferente… que no voy a permitir que me saque de mi centro…que voy a entender que su comportamiento y respuestas son a veces exageradas. No siempre lo logro. En esta ocasión decidí leer sobre la paciencia y porqué necesito desarrollarla más con ella. En términos generales me considero una persona bastante paciente. Cuando tengo que esperar porque algo ocurra, ya sea el movimiento de vehículos en un tapón o el que pueda llegar ese pago que me deben por un trabajo que hice, respiro y entiendo que todo ocurrirá
cuando tenga que ocurrir.
¿Porqué entonces con mami es diferente? Las razones son complejas y demasiado personales para entrar en ellas aquí. Pero lo que encontré, tratando de entender mejor la “paciencia” como virtud pienso que me puede ayudar a encontrar nueva motivación para trabajar conmigo. Lo primero es que desarrollar paciencia nos fortalece. En el caso de mi madre, ese fortalecimiento también está relacionado con mi sentido de compasión hacia ella. Ya a mi edad he tenido que manejar cambios físicos y emocionales que me han costado. El ponerme en sus zapatos definitivamente me puede ayudar a reaccionar menos y entender más.
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Desarrollar la paciencia también me permite vivir más en paz y calma, porque no le abro la puerta al caos interno que pueden disparar situaciones externas. Puedo dejarle saber a mami cuando algo que dice o hace me duele o molesta, pero necesito recordar respirar y hacerlo desde el amor y no desde el coraje. Me toca llevar y acompañar a mami en muchos de los escenarios en los cuales más vulnerable se siente: las citas médicas, estudios, laboratorios, etc. Ella quisiera no tener que depender de mi y sé que la hace sentir culpable el que me ocupe tanto tiempo. Lo que no entiende es que para mi es una bendición el poder contar con el tiempo para ella en estos momentos en su vida. Y aunque sí hay ocasiones en que me reta la paciencia, le agradezco que me empuje a crecer y mejorar. Tomo responsabilidad por mis reacciones y me comprometo un día a la vez a ser más paciente con ella y con los demás.

