El linfoma folicular suele tener una evolución lenta, pero no todos los casos se comportan igual. Para pacientes y familias, reconocer los síntomas, confirmar el diagnóstico y conocer las opciones de tratamiento es clave, porque los avances médicos han cambiado la perspectiva frente a una enfermedad que durante años se consideró incurable.
Un linfoma de bajo grado que puede ser curable
El linfoma folicular es el segundo más frecuente entre los linfomas no Hodgkin. El doctor Fernando Cabanillas, director médico y fundador del Centro de Cáncer del Hospital Auxilio Mutuo y hematólogo oncólogo, explica que se caracteriza por células más pequeñas y un crecimiento más lento que el linfoma difuso de células grandes, considerado agresivo. Sin embargo, algunos casos pueden comportarse de manera más agresiva.
Durante años, estos linfomas fueron considerados incurables. Cabanillas recuerda vívidamente una frase de su jefe en MD Anderson, el doctor Emil J. Freireich: “Fernando, tu misión es descubrir la cura de los linfomas de bajo grado.” Con nuevos tratamientos, pudieron demostrar que algunos pacientes sí podían curarse. Para él, cuando una persona con linfoma de bajo grado alcanza 10 años sin recaída, probablemente está curada.
En los casos de bajo grado, los pacientes pueden notar ganglios aumentados en el cuello, las axilas o el área inguinal. También puede detectarse por casualidad durante una tomografía.
Biopsia: clave para confirmar el diagnóstico
La confirmación requiere una biopsia ya sea de uno de esos ganglios linfáticos o de cualquier otra lesión presente. Cabanillas explica que, cuando se utiliza una biopsia con aguja, debe tratarse de una biopsia core, que permite obtener tejido y observar la arquitectura del ganglio. Una aspiración con aguja no permite evaluarla con suficiente precisión para confirmar un linfoma folicular.
Tratamientos que buscan cambiar el pronóstico
Cabanillas señala que ha cumplido su misión de lograr la curación de estos linfomas mediante la combinación de quimioterapia e inmunoterapia. Sin embargo, enfatiza que la tendencia actual es avanzar hacia estrategias que permitan evitar la quimioterapia cuando sea posible, aprovechando el potencial de nuevas terapias biológicas.
Entre los elementos que ayudan a valorar el comportamiento del tumor están los síntomas constitucionales, como pérdida de peso de 10 % o más, fiebre o sudoración nocturna; el índice de proliferación celular y los resultados del PET scan. Cabanillas señala que una captación elevada en el PET scan, medida por el SUV, puede indicar mayor agresividad de lo esperado para un linfoma de bajo grado, lo cual él ha denominado con el término discordancia clínica.
En pacientes cuyo linfoma de bajo grado presenta esta discordancia clínica, puede ser necesario utilizar tratamientos destinados a linfomas agresivos, seguido por un mantenimiento con Rituximab. Según su experiencia, este esquema ha permitido curar a más de dos terceras partes de los pacientes con linfoma de grado bajo tratados de esta manera.
Nuevas terapias y menos trasplantes
Aunque el trasplante de médula ósea puede emplearse en ciertos linfomas, el especialista aclara que su uso en el linfoma folicular de bajo grado es poco común. Esto se debe a que existen alternativas terapéuticas eficaces que permiten evitar la agresividad inherente a un trasplante, ya sea autólogo o alogénico.
Cabanillas subraya el papel de los anticuerpos biespecíficos, diseñados para identificar y atacar células tumorales que expresan ciertos marcadores específicos. Señala que él ha tratado pacientes con linfoma agresivo muy refractarios utilizando estas nuevas terapias y que algunos llevan hasta dos años y medio en remisión completa sostenida utilizando solamente el anticuerpo biespecífico, y añade que los resultados en linfoma folicular de bajo grado refractarios a terapia también han sido alentadores.
La evolución del linfoma folicular refleja los grandes avances médicos de los últimos años. Informarse, acudir a un especialista y conocer las opciones disponibles son pasos fundamentales para enfrentar la enfermedad con mayores oportunidades de éxito.

