La psicóloga en sala de operaciones y otras reflexiones que trajo mi vesícula

“Querida vesícula: No sabía lo mucho que te apreciaba hasta que supe que debían extirparte”. Así comenzó la dramática, pero bien intencionada carta a mi vesícula. Fue el comienzo de entender que esto de las cirugías puede ser un poco más complicado de lo que creemos. Esta carta era el reflejo de una historia por la que muchos pasamos: la experiencia de someternos a una cirugía. No pienso dejarles la carta completa, pero sí contarles un poco de la historia que me hizo escribirla.

Honestamente, yo ni sabía de mi vesícula hasta que decidió hacer su primer berrinche. Fue el día exacto en el que comenzaba las vacaciones con mi familia y acabábamos de llegar a nuestro destino. El berrinche duró 3 horas que decidí tolerar a pesar de la insistencia de mi esposo de ir a sala de emergencias (mi terquedad la discutimos después). Varios meses después (baja el telón, sube el telón) estoy en la sala de espera para operarme. Pensé que estaría más tranquila, pero por dentro y quizá por fuera también, estaba bastante ansiosa. Ojo, ser psicóloga no me hace inmune a los sentimientos humanos. Resulta que Doña Ansiedad llegó a visitarme acompañada de su sobrina Llanto Espontáneo. Cada vez que entraba un doctor o enfermera a explicarme algo, se me empezaban a salir las lágrimas. ¡Qué vergüenza! 

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Afortunadamente mi cirugía fue un éxito, incluyendo la recuperación. Las cirugías de vesícula son frecuentes y relativamente sencillas comparadas con otros procedimientos. Sin embargo, igual es un evento distinto, donde no sabemos lo que puede pasar y está todo fuera de nuestro control. La gama de emociones que sentí antes y después de salir de la sala de operaciones me dejó pensando. ¡Qué mucho hace falta la psicología en estos momentos! Cuántas más emociones sentirán quienes entran a cirugías complicadas, de emergencias o de vida o muerte. Y como mi mente ya es todo terreno, decidí hacer una búsqueda de lo que dice la psicología para poder compartirlo con ustedes.

La psicología en el terreno de la cirugía

Mi primer instinto fue investigar si había literatura específica de psicología y vesícula. No tenía mucha fe de encontrar algo tan específico, pero encontré varios artículos que habían explorado esta relación. Ambos estudios llegaron a conclusiones similares: mientras más el malestar psicológico antes de la cirugía, más dificultades tiene el cuerpo para recuperarse, incluso cuando la operación se completa sin complicaciones (Lorusso et al., 2003; Stefaniak et al., 2004).

Uno de los estudios encontró que aquellos pacientes que seguían sintiendo síntomas un año después de la cirugía, tenían mayor prevalencia de estresores psicológicos importantes como ansiedad, depresión, falta de apoyo social y rumiación constante ((Stefaniak et al., 2004). En otras palabras: El bisturí resolvía el problema de la vesícula, pero el cuerpo seguía respondiendo a las señales de la mente. 

Más allá de la vesícula, resulta que hay mucha investigación sobre la conexión entre el estado psicológico y la recuperación física luego de una cirugía. Este patrón se repite en cirugías ortopédicas, cardíacas y muchas otras. En todas, el estado emocional previo influye en el dolor, en la recuperación y en la adaptación luego de la cirugía. No es un detalle menor, sino un componente clave del proceso quirúrgico.

Vale la pena aclarar a qué nos referimos con el estado psicológico. Tener estrés, problemas o ansiedad no significa que tendremos menos capacidad de recuperarnos. Por ejemplo, sentir ansiedad no significa no tener un buen estado psicológico. La ansiedad es un estado normal y esperado cuando nos enfrentamos a retos o a circunstancias (como cirugías) que son inciertas, desconocidas, o donde percibimos que no tenemos control. La idea no es eliminar la ansiedad o negarla. Por el contrario, es reconocer que es parte normal y prepararnos para poder manejarla. 

¿Qué nos dice la psicología que funciona?

Si recuerdan mi historia, llegué al hospital con mucha ansiedad, incluso con llanto espontáneo. A pesar de esto, pude tener una buena experiencia y una recuperación positiva. ¿Qué me ayudó? Mi vehículo todo terreno, la psicología. 

Afortunadamente, la ciencia de la psicología nos ofrece alternativas para manejar esta ansiedad pre-operatoria. No estamos hablando de “pensar positivo” en abstracto, sino de prácticas concretas que nos preparan psicológica y biológicamente para el reto de una operación. No es necesario usarlas todas, a veces con una solo es suficiente. A continuación enumero algunas de ellas: 

  1. Información clara y empática: Más del 80 % de los pacientes prefiere saber los detalles de una intervención médica (Hernández et al., 2016). Cuando se nos explica con calma qué esperar, la ansiedad baja drásticamente. La frase “no se preocupe” no funciona.  La validación y la claridad sí. En mi caso, las explicaciones que me dieron me ayudaron a confiar más en el proceso, aunque igual se me salieran las lágrimas al escucharlas.
  2. Información clara y empática (continuación): Lo ideal es que venga del equipo médico. Pero, si no ocurre de manera natural, podemos aprender a pedirla. Hacer preguntas antes del día de la operación nos pone en una mejor posición el día de la cirugía. Preguntas como: ¿Cuánto tiempo estaré en la sala de espera?, ¿cuánto dura la recuperación?, ¿qué va a pasar cuando salga de la sala de operaciones?, pueden ayudar a prepararnos y visualizar la experiencia de manera positiva.
  3. Apoyo social: Tener a alguien presente, un acompañante, un familiar, o incluso apoyo espiritual, puede ser un calmante natural. Yo lo sentí con mi esposo. Poder estar con él mientras esperaba y verlo cuando abrí los ojos luego de la operación fue como un calmante natural. Si no es posible tener compañía, prepárate de antemano. Planifica visualizaciones que te calmen o pídele a tu familia que te escriban mensajes que puedas recordar en ese momento.
  4. Técnicas de relajación: Una de las cosas que me ayudó a mantener la ansiedad bajo control fue una aplicación en mi teléfono con mensajes para meditar. Y aunque no es necesario tener una aplicación, hay muchas estrategias sencillas que podemos aplicar para relajarnos.
    • Respiración profunda – Respirar profundo ayuda a la oxigenación, a pausar, y llegar al momento presente. 
    • Distracción – escuchar música, conversar …
    • Visualización – desde imaginar que estás en la playa, hasta pensar cómo redecorarías tu cuarto, las estrategias de imaginación visual activan nuestro cerebro de forma positiva.
  5. Intervenciones más estructuradas: Por supuesto lo ideal sería que más escenarios de cirugía integraran profesionales de psicología. Dentro de nuestro campo existen muchas estrategias basadas en evidencia para optimizar la preparación para cirugía. Una intervención breve antes de la operación con estrategias cognitivas, narrativas o de conciencia plena pudieran agilizar la preparación de las personas antes y la recuperación después de la cirugía (Tong et al., 2020; Villa et al., 2020). Estas intervenciones no son para explorar los problemas del pasado, sino para activar de forma rápida los recursos y estrategias que cada uno de nosotros tenemos para afrontar nuestros retos de forma saludable. 

No olvidemos, que estas prácticas no solo hacen que nos sintamos mejor emocionalmente, también modulan la respuesta biológica ante el estrés que nos provoca la cirugía y aceleran el regreso a nuestra rutina diaria. 

Reflexión final (con vesícula incluida)

Después de conocer toda la investigación sobre estrés pre-cirugía, me siento menos mal por mi llanto preoperatorio. No era debilidad ni poca fuerza de carácter. Más bien era el reflejo normal de un cuerpo y una mente respondiendo a una situación desconocida. Y, si lo pensamos bien, ese llanto espontáneo me sirvió para liberar un poco de esa ansiedad.

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Al recordarlo hoy, siento que mi vesícula se merece otra despedida formal. Porque más allá de la cirugía, me dejó una enseñanza que no quiero olvidar. Si fuera a finalizar la carta a mi vesícula hoy le diría: Querida vesícula, aunque ya no estés, me dejaste una enseñanza: la psicología tiene un lugar reservado en la sala de operaciones. No para evitar la ansiedad o la cirugía, sino para acompañar la experiencia completa. Porque en la mesa de operaciones no entra solo un cuerpo, entra también la historia, los miedos y las emociones de la persona. Y esas, como bien saben los cirujanos, no se pueden extirpar.

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