El estudio subraya que, aunque los usuarios son conscientes de que las redes sociales suelen proyectar versiones idealizadas de la vida ajena, el impacto emocional persiste
Una investigación liderada por el doctor Andrés Cruz Santos, psicólogo clínico, arroja luz sobre un fenómeno creciente: la vulnerabilidad al algoritmo. El estudio revela que las plataformas digitales no solo nos muestran contenido, sino que pueden profundizar estados de ansiedad, depresión e insatisfacción personal.
La investigación surgió de la observación clínica con adolescentes, donde el Dr. Cruz Santos notó que el contenido que consumían sus pacientes coincidía con sus síntomas psicológicos. Un joven con ansiedad recibía noticias de conflictos y guerras; uno con baja autoestima corporal era bombardeado con imágenes de cuerpos «perfectos».
«La idea surge de qué tan vulnerables estamos a esos algoritmos y si realmente, si los algoritmos nos cogen vulnerables, cuál es el efecto que tienen en la salud mental de nosotros», explicó Cruz Santos.
El estudio operacionalizó la vulnerabilidad a través de una escala que identifica cuatro factores crítico; el malestar emocional, manifestado como ansiedad al quedar atrapado en bucles de contenido; la compulsión digital o pérdida de control sobre el uso del dispositivo; la percepción de manipulación, que genera una desconfianza creciente hacia lo que se ve en pantalla; y la disociación digital, esa sensación de caer en un «agujero negro» donde se pierde la conexión con la realidad y la noción del tiempo.
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Del mismo modo, el estudio subraya que, aunque los usuarios son conscientes de que las redes sociales suelen proyectar versiones idealizadas —y a menudo falsas— de la vida ajena, el impacto emocional persiste. La comparación constante con «vidas de éxito» o «viajes infinitos» genera un sentimiento de carencia, incluso cuando se sabe que muchas de esas imágenes son fabricadas o prestadas.
«Tú sabes que lo que tú ves en las redes realmente no es real… pero te afecta comoquiera porque eres vulnerable al algoritmo. Todos somos vulnerables», sostuvo el psicólogo clínico.
El estudio, que se encuentra en proceso de publicación científica tras una revisión por pares, busca que la escala desarrollada pueda ser utilizada por psicólogos escolares y clínicos. De esta forma, los profesionales podrán medir con precisión si el bienestar de un paciente está siendo comprometido por su interacción con el ecosistema digital.
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Ante este panorama, Cruz Santos enfatiza la importancia de la autonomía digital: reconocer cuándo las redes están alimentando un estado de tristeza y tener la capacidad de desconectarse para romper el bucle algorítmico.

