El avance del patógeno hacia las capitales de ambos países enciende las alarmas globales ante el riesgo de una dispersión urbana
La Organización Mundial de la Salud (OMS) activó su máximo nivel de alerta operativa al declarar el brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC) y Uganda como una “emergencia de salud pública de importancia internacional”. El anuncio surge tras confirmarse la rápida expansión del virus hacia las densas capitales de ambos países, Kinsasa y Kampala, y ante el temor de que la magnitud real del brote sea significativamente mayor de lo reportado.
A diferencia de crisis anteriores, este brote presenta un desafío científico y logístico crítico: es causado por la cepa Bundibugyo, para la cual no existe ninguna vacuna ni tratamiento aprobado.
Hasta el momento, en la provincia congoleña de Ituri —epicentro de la emergencia— se registran al menos 246 casos sospechosos y 80 muertes, aunque las dificultades sobre el terreno han impedido que la mayoría de los casos sean vinculados formalmente mediante pruebas de laboratorio.
Lo que más preocupa a los expertos en salud global es la tardanza en la detección del brote. Las autoridades sanitarias no fueron notificadas de los casos sospechosos hasta el 5 de mayo, un retraso inusual para este tipo de patógenos.
“Normalmente, la OMS, otras organizaciones de salud o los medios de comunicación detectan mucho antes un aumento de casos”, advirtió Jennifer Nuzzo, directora del Centro de Pandemias de la Universidad Brown.
A este escenario se suma un complejo panorama geopolítico provocado por los drásticos recortes en el financiamiento internacional. Las políticas de la pasada administración estadounidense de Donald Trump que incluyeron el cierre de la oficina local de la USAID, recortes presupuestarios a los CDC y el retiro temporal de EE. UU. de la OMS en enero, han mermado la infraestructura médica en la región, forzando incluso el cierre de clínicas comunitarias clave.
Lee: La OMS incluye las carnes procesadas en el Grupo 1 por su riesgo cancerígeno
La contención del virus, que se transmite por contacto directo con fluidos corporales, depende enteramente del rastreo rápido de contactos y el aislamiento seguro de las víctimas. Sin embargo, las condiciones en la provincia de Ituri hacen que estas tareas sean casi imposibles.
Estado de sitio: La región se encuentra bajo ley marcial desde 2021 debido a la violencia de grupos insurgentes vinculados al Estado Islámico y milicias locales.
Desconfianza civil: La incapacidad del Estado para detener las masacres recientes ha quebrado la confianza de la población en las autoridades.
Redes de salud informales: Ante la falta de servicios oficiales, los ciudadanos recurren a clínicas informales que carecen de protocolos de bioseguridad.
Peligro de la propagación urbana y transfronteriza
La llegada del virus a las capitales Kinsasa y Kampala enciende las alarmas debido a la densidad poblacional de los entornos urbanos. Además, la alta movilidad en la frontera entre la RDC, Uganda y Sudán del Sur agrava el riesgo de dispersión regional. Un foco de atención inmediata es la celebración de un multitudinario festival católico en Uganda el próximo 3 de junio, el cual suele atraer a miles de fieles transfronterizos.
Te puede interesar: OMS confirma transmisión entre humanos de cepa de hantavirus detectada en crucero: esto es lo que se sabe
Pese al panorama, la ministra de Salud de Uganda, Jane Ocero, defendió la capacidad de respuesta de su país, asegurando que cuentan con una red sólida de trabajadores comunitarios electrónicos que vigilan la salud puerta por puerta desde la base. Por su parte, la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) ya anunció que prepara una expansión urgente de su personal en Ituri para intentar frenar una crisis que evoca los peores momentos de la epidemia de 2014.

