La vida de Marie L. Ruiz Popa dio un giro radical a los 28 años, cuando comenzó una intensa batalla contra dos padecimientos oculares severos en su ojo derecho: la Atrofia Iridiana Esencial y el glaucoma.
La Atrofia Iridiana Esencial es una variante extremadamente rara del síndrome endotelial iridocorneal (ICE). En esta condición, las células de la capa interna de la córnea comienzan a multiplicarse anómalamente y a migrar hacia el iris. Esta alteración no solo deforma la pupila y genera agujeros en la estructura del iris, sino que obstruye el sistema de drenaje natural del ojo. Al no poder evacuar el humor acuoso, la presión intraocular se eleva drásticamente, desencadenando un glaucoma secundario agresivo que destruye progresivamente las fibras del nervio óptico.
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En 2017, la vulnerabilidad de su ojo se agravó tras el paso del huracán María por Puerto Rico. Las condiciones ambientales de contaminación, sumadas al estrés extremo de la emergencia, provocaron una laceración severa en su córnea afectada. La intervención quirúrgica inmediata fue inevitable, enfrentándose a su primer trasplante de córnea con el anhelo de recuperar la estabilidad de su visión.
¿Por qué el cuerpo puede rechazar un injerto corneal?
A pesar de que la córnea es una zona con «privilegio inmunológico» debido a que normalmente carece de vasos sanguíneos y linfáticos que transporten células de defensa, el riesgo de rechazo siempre está presente. Un rechazo ocurre cuando el sistema inmunitario del receptor detecta los antígenos del tejido donante como una amenaza externa.
En casos como el de Marie, donde existen cirugías previas, inflamación crónica por glaucoma o lesiones físicas que estimulan la formación de nuevos vasos sanguíneos (neovascularización), los glóbulos blancos (linfocitos T) logran acceder a la córnea. Al hacerlo, atacan al tejido trasplantado, provocando opacidad, dolor y pérdida acelerada de la visión.
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Un año después de su primera cirugía, Marie enfrentó precisamente esta complicación: su cuerpo rechazó el tejido. Para priorizar su salud física y emocional, tomó la difícil decisión de renunciar a su carrera como Contadora Pública Autorizada (CPA). Se sometió a un segundo procedimiento, pero la batalla continuó cuando una infección bacteriana resistente comprometió nuevamente la zona, obligando a los cirujanos a realizar una tercera intervención.
Este tercer trasplante de córnea ha sido un éxito rotundo. Aunque perdió la visión funcional en ese ojo, el tejido sano donado detuvo el deterioro estructural, la salvó de cirugías invasivas adicionales y le otorgó la estabilidad médica que necesitaba. Hoy, Marie expresa una profunda gratitud hacia los tres donantes que, en momentos distintos, le brindaron la oportunidad de preservar su calidad de vida y seguir adelante con fortaleza.
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