La cirugía bariátrica es una de las alternativas médicas más efectivas para el tratamiento de la obesidad, una condición que afecta a millones de personas en todo el mundo, y que puede llevar al desarrollo de comorbilidades como la diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.
Para conocer más sobre este procedimiento, en BeHealth conversamos con la Dra. Ana Santos, quien explicó que la cirugía bariátrica es una disciplina que ayuda a los pacientes a perder peso. Dentro de ella existen distintas alternativas quirúrgicas, seleccionadas según las necesidades de cada persona. Entre las más comunes se encuentran:
● Manga gástrica: se remueve aproximadamente tres cuartas partes del estómago, reduciendo su capacidad y facilitando así la pérdida de peso.
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● Bypass gástrico: se reduce el tamaño del estómago, pasando de un volumen similar al de un balón de fútbol a uno comparable con una bolita de ping-pong.
“El bypass gástrico es la alternativa más antigua, utilizada desde la década de los 70 para tratar otras condiciones médicas, hasta que se identificaron sus beneficios para pacientes con obesidad mórbida”, explicó la especialista. “De hecho, el bypass gástrico se considera el estándar de oro en cirugía bariátrica”.
¿Para quién está recomendada la cirugía bariátrica?
Está indicada para pacientes con obesidad severa o mórbida, especialmente aquellos con más de 80 libras de sobrepeso.
Se deben evaluar factores como:
● Estatura
● Edad
● Índice de Masa Corporal (IMC)
● Comorbilidades
“Un IMC de entre 30 y 35 puede hacer que un paciente sea candidato para alguno de estos procedimientos, especialmente si existen otras condiciones asociadas”, destacó la Dra. Santos.
Mitos y realidades
Con 24 años de experiencia y más de 7,000 casos atendidos, la Dra. Santos desmonta algunos de los mitos más comunes que impiden a los pacientes considerar esta opción:
Mito: “Es una operación riesgosa en la que todo el mundo se muere”
Realidad: “En ningún lugar del mundo se permitiría realizar un procedimiento con ese nivel de riesgo. Por el contrario, hoy en día estas intervenciones son altamente seguras y muy efectivas.”
Gracias a la experiencia acumulada, el equipo médico ha definido los pasos necesarios para un acompañamiento exitoso antes y después de la operación, incluyendo apoyo nutricional y psicológico.
¿Por qué no es una “salida fácil”?
“Si fuera fácil perder peso y mantenerlo, nadie padecería de sobrepeso. Nadie quiere estar en sobrepeso porque afecta todos los sistemas del cuerpo y deteriora el bienestar general”, puntualizó la Dra. Santos.
Cuando la obesidad sobrepasa las 50 libras de exceso, se convierte en un problema metabólico. En estos casos, los cambios en dieta y ejercicio por sí solos no suelen ser viables sin apoyo quirúrgico. Por eso, la cirugía no debe ser vista como una solución sencilla, sino como una herramienta de apoyo clínico.
La salud mental: pieza clave del éxito
Para lograr resultados sostenibles, el paciente debe recibir educación previa y acompañamiento psicológico y nutricional que le permitan tomar decisiones saludables a largo plazo.
“El paciente debe estar dispuesto a cambiar su alimentación. Si no está listo para hacer ajustes o reconocer errores, quizás no es el momento adecuado para operarse”, advirtió la doctora.
Una vez la persona prioriza su salud por encima de ciertos hábitos, la cirugía se convierte en una opción efectiva y duradera, siempre y cuando siga las indicaciones médicas.
¿Qué pasa después de la cirugía?
En 2001, este tipo de operación aún se realizaba con cirugía abierta, lo que implicaba dolor y largos tiempos de recuperación. Hoy, en cambio, es un procedimiento mínimamente invasivo, con una duración aproximada de una hora y una sola noche de hospitalización.
“Incluso al día siguiente, muchos pacientes pueden retomar sus actividades regulares”, explicó.
No obstante, deben seguir una dieta de adaptación que inicia con líquidos, pasa por purés y finalmente llega a alimentos sólidos.
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Aunque el paciente puede volver a comer de todo, debe hacerlo en porciones razonables que se ajusten al tamaño del estómago tras la cirugía, es decir, entre 3 y 4 onzas por comida.

