Sentirse triste después de una ruptura amorosa, la pérdida de un empleo o una situación económica difícil forma parte de las experiencias emocionales humanas. Sin embargo, experimentar tristeza no significa necesariamente tener una depresión clínica o también llamada «depresión mayor«. Distinguir entre ambas situaciones requiere prestar atención a la duración de los síntomas, su intensidad y la manera en que afectan la vida cotidiana.
Así lo explicó el psiquiatra William Julio en entrevista con BeHealth, donde destacó que una de las diferencias importantes está en la capacidad de la persona para continuar funcionando y disfrutar de algunas actividades, incluso mientras atraviesa una situación difícil.
“La diferencia es que cuando uno se está sintiendo una simple tristeza, por ejemplo, al tener una pérdida o pasar por una situación difícil; la persona tiene la capacidad de disfrutar y funcionar”, explicó el especialista.
Para llegar al diagnóstico de una depresión clínica, el psiquiatra aseguró que debe tenerse en cuenta la duración y la persistencia de las manifestaciones emocionales.
“Tenemos que mirar a la duración de los síntomas. La persistencia de los síntomas”, indicó.
Asimismo, el especialista explicó que la depresión puede manifestarse de distintas maneras. Entre los aspectos que se evalúan están la presencia de un estado de ánimo deprimido o la pérdida de la capacidad de sentir placer, conocida como anhedonia.
Esta última puede reflejarse en la falta de interés por actividades que antes resultaban agradables, como compartir con familiares, practicar deportes, bailar o disfrutar de pasatiempos.
“Hay personas que hasta pueden llevar las dos, que no pueden sentir ningún tipo de placer y a la misma vez están en un ánimo deprimido”, comentó el Dr. Julio.
La evaluación también considera cambios en los patrones de sueño. Algunas personas experimentan insomnio, despertares durante la noche o dificultad para volver a dormir; otras, por el contrario, pueden dormir durante muchas horas y levantarse sin sentirse descansadas.
El apetito también puede cambiar, ya sea por una disminución en el consumo de alimentos o por un aumento. A estos síntomas pueden sumarse problemas de concentración, llanto, desesperanza, sentimientos de culpa y pensamientos relacionados con la falta de valor personal.
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Julio explicó que la evaluación clínica contempla nueve categorías de síntomas y que deben cumplirse hasta cinco de estos criterios para establecer un diagnóstico. Por ello, no basta con identificar una manifestación aislada ni con asumir que cualquier período de tristeza corresponde a una depresión.
El cerebro y la depresión: ¿qué ocurre?
Además de los síntomas emocionales y los cambios en el comportamiento, el psiquiatra explicó que existen procesos neuroquímicos relacionados con la depresión. Para ilustrarlo, comparó el cerebro con una computadora y explicó el papel de los neurotransmisores, sustancias que participan en la comunicación entre las células nerviosas.
«Nuestro cerebro es una computadora bien compleja. Hay unos mensjaeros (neurotransmisores) que van entre célula y célula; y hay unos en particular que tienen que ver con el sentrise bien y la depresión: serotonina, norepinefrina y la dopamina. En el caso de los pacientes con depresión hay un desbalance clínico y ahí es que con los medicamentos ayudamos a que el cerebro funcione de forma adecuada», explicó el especialista.
La elección del tratamiento depende de la gravedad de la depresión y de las necesidades de cada paciente.
¿Cuándo es momento de buscar ayuda profesional?
Una señal importante es que el malestar comience a interferir con las responsabilidades, las relaciones personales y las actividades cotidianas. Cuando una persona necesita hacer un esfuerzo cada vez mayor para funcionar y los síntomas persisten, es conveniente procurar una evaluación profesional.
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Sobre este punto, el psiquiatra advirtió que, cuando una persona “se tiene que esforzar para funcionar y lleva ya dos semanas así, pues ya es hora de buscar ayuda profesional”.
La identificación temprana de los síntomas permite evaluar lo que está ocurriendo y determinar qué tipo de atención podría necesitar cada persona. La recomendación es no minimizar el malestar emocional ni autodiagnosticarse, sino buscar orientación profesional cuando los síntomas persisten o afectan la calidad de vida.

