La diabetes tipo 1 no aparece de un día para otro. Es una condición autoinmune que avanza silenciosamente, incluso antes de que los síntomas sean visibles. Detectarla a tiempo puede cambiar el rumbo de la enfermedad y evitar complicaciones graves.
La endocrinóloga Leticia Hernández Ávila, en diálogo con BeHealth, lo explica así: “Hoy día reconocemos tres diferentes estadios de la diabetes tipo 1. Es una condición autoinmune donde hay una destrucción de las células beta del páncreas, que son las que producen insulina”.
Etapa 1: el inicio silencioso
En esta primera fase, el cuerpo ya comenzó a generar anticuerpos que atacan las células del páncreas, pero la persona no tiene síntomas ni alteraciones en los niveles de azúcar.
La doctora explica que “cuando tenemos un paciente con anticuerpos positivos, pero todavía sin síntomas y con niveles normales de azúcar, decimos que está en el estadio 1«. Esta es una etapa invisible, pero crucial: el momento perfecto para actuar antes de que la enfermedad avance.
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Etapa 2: los primeros cambios
Con el tiempo, la destrucción de las células beta avanza y comienzan a verse alteraciones leves en la glucosa, aunque la persona todavía no cumple los criterios oficiales de diabetes.
Hernández aclara que “en esta fase los niveles de glucosa empiezan a elevarse, pero no cumplen los criterios para diabetes. Es una etapa de disfunción”, dijo.
Aquí, los controles médicos y la educación del paciente son la mejor herramienta para frenar la progresión.
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Etapa 3: cuando aparecen los síntomas
Finalmente, llega la fase donde los niveles de azúcar están en rango de diabetes y el cuerpo manifiesta señales claras: sed constante, hambre excesiva, pérdida de peso y orinar con frecuencia.
Según la doctora, “en el estadio 3 ya tenemos una diabetes tipo 1 clínica, con los síntomas característicos y los valores alterados«, aseguró.
Si no se detecta a tiempo, puede presentarse cetoacidosis diabética, una emergencia médica grave. Hoy existen terapias capaces de retrasar la progresión hacia la etapa clínica. La doctora Hernández destaca que “estas terapias han demostrado que pueden retrasar en promedio tres años la progresión a la diabetes tipo 1 clínica”, aseguró.
“La clave está en detectar antes de que se manifieste y acompañar la progresión”, concluye la especialista donde asegura que, detectar temprano, no solo salva vidas: también ofrece esperanza y control sobre la propia salud.

