A medida que pasan los años, el sistema de defensas se vuelve menos eficiente y el cuerpo es más vulnerable a infecciones que pueden terminar en hospitalizaciones, complicaciones y recuperaciones más lentas. Por eso, la vacunación sigue siendo una de las herramientas más efectivas para proteger la calidad de vida en la adultez mayor.
La doctora Ana Gabriela Serrano, médica generalista, lo resume así: “A medida que envejecemos, nuestro sistema inmunológico se vuelve menos eficiente, y por eso es tan importante mantenernos protegidos con vacunas que previenen enfermedades graves”.
¿Por qué las vacunas siguen siendo necesarias después de los 60?
No estar al día con las vacunas aumenta el riesgo de enfermarse por influenza, neumonía o COVID-19, y también eleva las probabilidades de complicaciones y estancias prolongadas en el hospital. “No estar vacunado incrementa el riesgo de infecciones graves y de hospitalización, además de recuperaciones más lentas”, explica la doctora Serrano.
Lee: Pensamientos positivos podrían aumentar la respuesta inmune después de la vacunación
Entre las vacunas más recomendadas para personas adultas mayores están:
- Influenza, que debe aplicarse cada año
- COVID-19, con refuerzos según indicación anual o estacional
- Neumococo, con una o dos dosis en la vida, según antecedentes
- Tétano, con refuerzo cada 10 años
- Herpes zóster (culebrilla), con esquema de dos dosis
Más allá de prevenir la infección, las vacunas ayudan a evitar que el virus o la bacteria avancen y causen inflamación severa, neumonía, deshidratación, infecciones secundarias o incluso fallas orgánicas. Además, contribuyen a mantener la movilidad, la independencia y una vida más activa.
Lee: Vacunación y psoriasis: un factor clave en la salud integral
Mitos, efectos secundarios y el papel de la familia
Todavía existen creencias que hacen que algunas personas eviten vacunarse, como pensar que “ya no sirve a su edad” o que “la vacuna puede causar la enfermedad”. Frente a esto, la doctora es clara: “Las vacunas están diseñadas para proteger justamente a los grupos más vulnerables y sus efectos adversos suelen ser leves y temporales”.
Los efectos más comunes suelen ser dolor en el brazo, cansancio o un poco de fiebre, señales normales de que el cuerpo está generando protección. “El beneficio supera por mucho al riesgo, especialmente cuando hablamos de prevenir enfermedades que sí pueden ser graves”, añade Serrano.
Lee: Regreso a clases de forma segura: Vacunación contra el VPH
Aquí la familia juega un rol clave:
- Recordar fechas de refuerzos
- Acompañar a las citas médicas
- Revisar el carné de vacunación una vez al año
- Estar atentos a cambios en la salud y consultar a tiempo
Llevar un registro actualizado, aprovechar campañas de vacunación y preguntar en cada chequeo médico por nuevas recomendaciones puede marcar una gran diferencia. La prevención sigue siendo una de las formas más efectivas de cuidar la salud en la adultez mayor.

