Comer en exceso en la infancia: alerta de salud mental

Un estudio canadiense reveló que el hábito de comer en exceso durante la infancia podría estar relacionado con problemas de salud mental en la adolescencia, especialmente en las niñas. Aunque la investigación incluyó tanto a niños como a niñas, los efectos a largo plazo se observaron principalmente en ellas.

El trabajo, publicado en la revista BMC Pediatrics, siguió a más de 2.000 menores de la provincia de Quebec desde los 2 hasta los 15 años. A partir de esta observación, los científicos identificaron tres patrones de comportamiento alimentario:

  • Un 60 % de los niños y niñas nunca comieron en exceso.
  • Un 14 % lo hicieron de forma temprana, entre los 2 y 4 años.
  • Un 26 % comenzaron a comer en exceso a partir de los 4 años.

El hallazgo principal fue que las niñas que presentaron este patrón alimentario desde edades tempranas mostraron, al llegar a la adolescencia, mayor riesgo de ansiedad, impulsividad e hiperactividad. En el caso de los niños, no se encontró una relación tan clara entre el comer en exceso y esos síntomas psicológicos.

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Los autores del estudio proponen varias explicaciones para entender por qué esta asociación se da con más fuerza en las niñas. Una de ellas es que, desde edades muy tempranas, los padres tienden a controlar más la alimentación de las niñas que la de los niños. Esa mayor vigilancia o restricción podría generar tensiones emocionales que, con el tiempo, se expresan en comportamientos como comer en exceso o tener una relación poco saludable con la comida.

Otro factor tiene que ver con la influencia social y cultural. Las niñas suelen estar más expuestas a presiones relacionadas con la apariencia física, el peso o la conducta alimentaria. Estas expectativas pueden generar mayor ansiedad o culpa en torno a la comida, afectando su bienestar emocional desde los primeros años de vida.

Además de analizar el exceso de comida, los investigadores estudiaron otro comportamiento común en la infancia: la llamada “alimentación quisquillosa”, cuando los niños rechazan ciertos alimentos o comen poca variedad. Sin embargo, no hallaron una relación directa entre este tipo de alimentación y los problemas de salud mental en la adolescencia.

Aun así, advirtieron que si este comportamiento persiste por mucho tiempo o afecta el crecimiento y la nutrición, sí puede convertirse en motivo de preocupación y requerir seguimiento médico o psicológico.

Comer en exceso durante la infancia no siempre es solo un tema de nutrición: puede ser una señal temprana de malestar emocional o dificultad para regular las emociones. Aunque el fenómeno se presenta en ambos sexos, los efectos a largo plazo parecen afectar más a las niñas.

Detectar y atender estos patrones a tiempo (con acompañamiento psicológico, educación emocional y entornos familiares empáticos) puede marcar la diferencia en la salud mental futura de niños y niñas.

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