Cómo saber si tu estrés viene del trabajo… o de ti

¿Te ha pasado que de repente “todo” te llena de estrés? Ese motorcito que se te activa en el pecho o ese mono que se te trepa en la espalda por cosas que otros días manejas sin problema: los inventos de la jefa, los pendientes, el cliente, los correos, las expectativas. A veces —y esto cuesta aceptarlo— el origen no está fuera, sino dentro.

Y distinguirlo cambia todo: tu energía, tus límites, tu forma de enfrentar el día y tu bienestar físico.

Cuando el estrés viene del trabajo, hay señales claras:

  • Cambios constantes de prioridades.
  • Cargas que no corresponden a tu rol.
  • Supervisores que no saben comunicar o delegar.
  • Procesos poco claros.
  • Expectativas irreales de tiempo y ritmo.
  • Periodos largos de trabajo sin descanso real.
Lee: Cansancio extremo, autoexigencia y silencio: así se instala el burnout

Aquí tu cuerpo reacciona a una sobrecarga: estás respondiendo a un entorno que pide más de lo que te permite recuperar, y no siempre es algo que puedas cambiar.

Se siente así: irritación, urgencia constante, sueño ligero, una mente que no se apaga. Y no es tu culpa. Es un sistema que rara vez considera los límites humanos.

En esos momentos, es crucial cuidarte y crear espacios para sostenerte en medio de la tormenta, pues no puedes cambiar tu entorno, pero sí como reaccionas ante él y sobre todo, entender que tú eres tu prioridad. 

Si no es algo laboral, ¿Qué puede ser?

Cuando el estrés viene de ti, es algo que ocurre sin darte cuenta porque operas desde patrones aprendidos que quizá nunca has cuestionado. Todo en la oficina transcurre como siempre ha sido, pero tú estás al límite. Esto puede ser por:

Perfeccionismo: nada se siente suficiente.
Hiperresponsabilidad: cargas más de lo que te toca “porque alguien tiene que hacerlo”.
Miedo a decepcionar: dices que sí antes de pensarlo bien.
Exceso de control: sientes que si no supervisas, algo va a salir mal.
Culpa por descansar: crees que soltar equivale a ser vaga.

Aunque afuera haya calma, tu cuerpo vive en alerta.

Se siente así: tensión constante, rigidez, autoexigencia silenciosa, dificultad para disfrutar incluso cuando todo está ordenado. Todo el mundo satisfecho y a ti nada te convence. 

Lee: Siento que estoy “quemá”…, por Lily García

¿Cómo distinguirlos? Una prueba sencilla

Hazte estas cuatro preguntas:

1. ¿Qué específicamente está detonando mi estrés: una situación concreta del trabajo o mi forma de interpretarla?
2. ¿Cómo está reaccionando el resto del equipo?
3. ¿Estoy actuando desde mis miedos, hábitos o reglas internas, o desde lo que realmente está pasando?
3. Si hago un cambio pequeño —pedir claridad, decir que no, ajustar un límite—, ¿Hace que me sienta más tranquila o me siento igual?

Lo importante es no ignorarlo. El estrés que se deja correr se convierte en una bola de nieve que termina en burnout… y eso puede sacarte de circulación por un buen tiempo y complicarlo todo aún más. No esperes a llegar ahí.

Encuentra técnicas para el manejo del estrés en mesientoquemada.com o escríbeme a alba@mesientoquemada.com si necesitas acompañamiento.

Dra. Alba Leal Martín
Dra. Alba Leal Martínhttps://mesientoquemada.com
La Dra. Alba Leal Martín es psicóloga organizacional y arteterapeuta, especializada en la prevención y mitigación del burnout. Con más de 25 años de experiencia en medios, comunicación y entornos corporativos de alto rendimiento, acompaña a mujeres profesionales a reconectar con su bienestar a través de estrategias basadas en evidencia. Es fundadora de https://mesientoquemada.com, una plataforma educativa y terapéutica que ofrece herramientas prácticas para gestionar el estrés laboral y recuperar la energía. Integra neurociencia, creatividad y autocuidado para promover entornos laborales más humanos, sostenibles y saludables.

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