En el marco del Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, la Asociación Colombiana de Psiquiatría hace un llamado urgente a transformar la manera en que hablamos, entendemos y abordamos la salud mental en el país. Más allá de una fecha conmemorativa, este día representa una oportunidad para reafirmar el compromiso colectivo con la vida, el bienestar emocional y el acceso oportuno a la atención en salud mental.
La depresión no es una debilidad del carácter ni un estado pasajero de desánimo. Se trata de una enfermedad compleja, multifactorial y tratable, que impacta de forma significativa la calidad de vida de quienes la padecen. Así lo ha reiterado la Organización Mundial de la Salud (OMS), al señalar que la depresión es una de las principales causas de discapacidad a nivel mundial y un componente relevante de la carga global de morbilidad. Se estima que cerca del 3,8 % de la población mundial, aproximadamente 280 millones de personas, viven con depresión, siendo más frecuente en mujeres que en hombres.
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En los países de ingresos bajos y medianos, más del 75 % de las personas con trastornos mentales no recibe tratamiento, debido a barreras estructurales como la falta de recursos, la escasez de personal capacitado y, de manera persistente, el estigma social.
¿Existen obstáculos?
En Colombia, la situación es igualmente preocupante. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud Mental y los boletines epidemiológicos del Instituto Nacional de Salud (SIVIGILA), se estima que cerca del 5 % de la población adulta ha presentado un episodio depresivo en el último año. Además, tras la pandemia se ha evidenciado un aumento de síntomas de ansiedad y depresión, especialmente en adolescentes y adultos jóvenes. Factores como la violencia, la desigualdad económica y el desplazamiento forzado continúan actuando como determinantes sociales que agravan la salud mental de la población.
Uno de los principales obstáculos sigue siendo el estigma, una barrera silenciosa pero peligrosa. Persisten creencias erróneas que minimizan la enfermedad o responsabilizan a quien la padece, lo que retrasa la búsqueda de ayuda. Frente a esto, la Asociación Colombiana de Psiquiatría es enfática: pedir ayuda es un acto de valentía y autocuidado, no de debilidad. Validar el sufrimiento, abandonar el lenguaje peyorativo y practicar la empatía son pasos esenciales hacia la recuperación.
Las redes de apoyo —familiares, amigos y comunidad— desempeñan un papel protector fundamental. No se trata solo de estar presentes, sino de saber acompañar: escuchar sin juzgar, validar las emociones y ofrecer un apoyo constante y activo.
El abordaje de la depresión debe ser integral. Incluye intervenciones psicoterapéuticas y, cuando está indicado, tratamiento farmacológico con respaldo científico. Ambas estrategias no son excluyentes; por el contrario, combinadas aumentan de manera significativa las posibilidades de recuperación. Suspender tratamientos sin supervisión médica es una de las principales causas de recaída.
Finalmente, la Asociación Colombiana de Psiquiatría subraya la responsabilidad compartida en la forma de comunicar sobre salud mental. Es indispensable difundir mensajes basados en evidencia, que ofrezcan esperanza y orientación clara, evitando la promoción de falsas soluciones o la banalización de los trastornos mentales. Informar con rigor, sensibilidad y humanidad también puede salvar vidas.
Desde la Asociación, el llamado es claro: hablar de salud mental es hablar de salud, y el autocuidado, la búsqueda de ayuda profesional y el acompañamiento empático deben ser pilares de una sociedad más consciente y solidaria.
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