Disfagia y problemas de alimentación en el adulto mayor

Por: Dra. Ivonne Y. Rodríguez Ramos, Terapeuta Ocupacional

Comer y alimentarse son actividades cotidianas que requieren integrar capacidades motoras, sensoriales, cognitivas y emocionales con las condiciones del entorno. Alimentarse comprende preparar, organizar y llevar la comida a la boca, mientras que comer y tragar incluye manipular los alimentos en la boca y deglutirlos. Cuando surge alguna dificultad, una actividad cotidiana y placentera puede convertirse en una experiencia de temor, vergüenza o dependencia.

Esa dificultad puede estar asociada a la disfagia, una alteración en el transporte seguro y eficiente de alimentos, líquidos o saliva desde la boca hacia el estómago. En el adulto mayor puede relacionarse con accidente cerebrovascular, enfermedad de Parkinson, demencias, cáncer, enfermedad respiratoria, neurológica, mental entre otras.

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Sus manifestaciones pueden incluir tos o carraspeo durante las comidas, cambios en la voz, dificultad para masticar, residuos de alimentos en la boca, necesidad de tragar varias veces, fatiga, rechazo de alimentos, pérdida de peso, deshidratación y episodios respiratorios recurrentes.

Las consecuencias pueden ir más allá de la alimentación. El adulto mayor puede comenzar a evitar restaurantes, reuniones familiares o alimentos culturalmente significativos por temor o inseguridad al comer. El cuidador, por su parte, puede experimentar ansiedad y sobrecarga ante las dificultades que enfrenta la persona durante las comidas.

Señales que Requieren Atención

Algunas manifestaciones asociadas a las dificultades para tragar requieren atención inmediata. El atragantamiento acompañado de incapacidad para respirar, coloración azulada o pérdida de conocimiento constituye una emergencia. Asimismo, la presencia de fiebre, dificultad respiratoria o dolor en el pecho luego de un posible episodio de aspiración requiere evaluación médica. La pérdida de peso, la deshidratación, las comidas excesivamente prolongadas o las neumonías recurrentes también son señales que ameritan una evaluación.

Cuando se Requiere la Evaluación en Terapia Ocupacional

En terapia ocupacional, alimentarse, comer y tragar se consideran actividades esenciales de la vida diaria. Aunque pueden parecer una sola acción, cada una comprende tareas distintas. Alimentarse incluye preparar y organizar los alimentos y llevarlos a la boca; comer y tragar requiere masticarlos, moverlos dentro de la boca y tragarlos de forma segura.

Por eso, la intervención de terapia ocupacional no se limita al acto de comer o tragar. También considera los hábitos, las rutinas, las preferencias y el entorno de la persona: qué desea comer, cómo obtiene y prepara sus alimentos, dónde participa de sus comidas y qué apoyos necesita para hacerlo con seguridad y la mayor independencia posible.

Como parte de la evaluación, el profesional de Terapia Ocupacional considerará el historial de la persona, sus diagnósticos, medicamentos, preferencias, cultura alimentaria, horarios y nivel de independencia. También puede observar una comida para analizar aspectos como el nivel de alerta y atención, la comprensión de instrucciones, el control postural, la movilidad de cabeza y tronco, el alcance y agarre, la coordinación entre la mano y la boca, el uso de utensilios, el ritmo al comer, el tamaño de los bocados, el manejo de los alimentos en la boca, la fatiga y la respuesta del cuidador.

El entorno también forma parte de la evaluación. Por ello, pueden examinarse aspectos como el asiento, la altura de la mesa, el ruido, la iluminación, la presentación del plato y el acceso a los utensilios o equipos necesarios.

Cuando existe sospecha de una alteración en determinadas fases de la deglución, el examen clínico puede complementarse con evaluaciones instrumentales. Entre estas se encuentran la videofluoroscopia o la evaluación endoscópica de la deglución, que permiten al equipo de profesionales obtener información adicional sobre el proceso de tragar y determinar posibles riesgos.

A partir de los hallazgos, el plan de intervención puede incluir estrategias relacionadas con la postura y alineación del tronco, soporte de los pies, estabilidad de la cabeza, reducción de distractores, pausas durante la comida, un ritmo más lento, porciones pequeñas y el uso de utensilios adaptados.

También pueden recomendarse platos con borde, mangos engrosados, vasos seleccionados de acuerdo con el control motor de la persona o superficies antideslizantes que faciliten una mayor independencia. Sin embargo, ningún dispositivo, adaptación o postura debe recomendarse de manera rutinaria sin evaluar previamente las necesidades particulares y su efecto en la persona.

Otro componente importante de la Terapia Ocupacional es la educación al adulto mayor y a sus cuidadores. El profesional puede enseñar estrategias mediante demostración y práctica, así como orientar sobre la importancia de respetar el tiempo que necesita la persona para responder y comer, evitar alimentarla de forma apresurada, mantener una adecuada higiene oral y reconocer señales de fatiga.

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En personas con demencia, estrategias como mantener rutinas conocidas, utilizar contrastes visuales, presentar un alimento a la vez y ofrecer el nivel de asistencia necesario pueden ayudar a mantener su participación durante las comidas.

Para más información puede comunicarse al 787.719-4499.

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