Tras perder ambos riñones por una condición genética y depender de diálisis durante tres años, Ada Rivera relata cómo un trasplante en el Hospital Auxilio Mutuo le devolvió la vida
En medio de la concurrida jornada del SaludFest en el centro comercial Plaza del Sol, una voz se alzó con la serenidad de quien ha ganado una de las batallas más duras por la supervivencia. Ada Rivera, natural de Siales, relató su testimonio de vida y superación, consolidándose como el rostro de la segunda oportunidad que brinda la donación de órganos.
La historia de Rivera está marcada por la herencia genética. De una familia de ocho hermanos, seis de ellos —incluyendo a Ada, la menor— heredaron de su padre la enfermedad de riñones poliquísticos, afección que deteriora progresivamente el sistema renal.
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En 2011, a sus 48 años, Ada sufrió fallo renal definitivo. Para subsistir requirió hemodiálisis continua durante tres años y tres meses, una estricta rutina médica que la forzó a renunciar a su puesto administrativo en la Universidad de Puerto Rico. Durante ese periodo surgieron severas complicaciones; debido a la ruptura e inflamación de quistes, los especialistas del Hospital Auxilio Mutuo tuvieron que extirparle ambos riñones en cirugías separadas, dejándola completamente dependiente de la diálisis para depurar su organismo.
«La máquina de diálisis te mantiene con vida, y gracias a Dios me mantuvo viva, pero el trasplante te saca de esa máquina y te permite llevar una vida bastante normal. El trasplante me devolvió a la vida«, afirmó Rivera.
La esperada llamada se produjo el 30 de noviembre de 2014. Tras ser intervenida en el Hospital Auxilio Mutuo y permanecer solo cinco días hospitalizada, el riñón donado respondió de forma óptima. A casi doce años de aquel hito médico, Rivera mantiene un riguroso régimen de medicamentos inmunosupresores y dedica sus días al voluntariado con LifeLink de Puerto Rico, orientando a la ciudadanía sobre el valor del registro voluntario.
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El impacto de la donación trasciende a su caso individual: en su propio núcleo familiar, una de sus hermanas y dos sobrinos también viven hoy con riñones trasplantados en óptimas condiciones. Aunque Rivera optó por no establecer contacto con la familia de su donante por respeto a su duelo, sostiene que permanecen siempre presentes en sus oraciones.
«Yo nunca pensé que necesitaría un órgano y me tocó recibir el de alguien que decidió decir sí a la donación. Animo a que se anoten todos los que aún no lo han hecho«, puntualizó.
El evento, apoyado por BeHealth y LifeLink de Puerto Rico, enfatizó que la decisión de ser donante representa un legado tangible capaz de salvar múltiples vidas. Quienes deseen inscribirse pueden hacerlo a través del portal oficial donevidapuertorico.org.

