La depresión severa es una de las condiciones más incapacitantes del mundo. Cuando los tratamientos convencionales —como la psicoterapia y los medicamentos— fallan, el sufrimiento de los pacientes se vuelve persistente, profundo y difícil de abordar. En estos casos extremos, una nueva esperanza ha surgido en Bucaramanga, Colombia, gracias a una cirugía cerebral innovadora, liderado por el Dr. William Omar Contreras, neurocirujano con más de 20 años de experiencia en estimulación cerebral profunda.
De acuerdo con el doctor, esta no es la primera cirugía para tratar la depresión en el mundo ni en Colombia. Así lo dejó claro durante una conversación exclusiva con BeHealth.
“La primera en la era moderna fue en Toronto, en 2005. Yo mismo participé en procedimientos similares en São Paulo y he operado casos en Colombia desde 2015”, señaló.
Lo que marca un antes y un después, explica el especialista, es la evolución tecnológica y la estrategia empleada. Esta nueva intervención utiliza cuatro electrodos en lugar de dos, permitiendo estimular varios circuitos cerebrales al mismo tiempo, lo que genera una respuesta más integral y personalizada.
“La idea es no estimular solo un circuito, sino varios. Con electrodos del tamaño de un grano de arroz, podemos llegar a seis circuitos diferentes del cerebro”, señala Contreras. “La motivación, la culpa, la tristeza, la iniciativa, el placer… todo eso está interconectado. Si tú enciendes solo una parte, el resultado es limitado. Pero si estimulas varias al tiempo, el cerebro puede recuperar su equilibrio”.
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Cirugía cerebral: Así funciona
Hasta hace poco, estas intervenciones se basaban en coordenadas fijas del cerebro, como si todos compartiéramos la misma arquitectura interna. Pero eso cambió con la llegada de la conectómica funcional, que permite hacer mapas cerebrales personalizados para cada paciente.
Esta técnica, combinada con tractografía avanzada, ha sido refinada por el grupo Nemot (Neuromodulación), liderado por Contreras e integrado por neurocirujanos, ingenieros biomédicos, psiquiatras, neurólogos y neurorradiólogos.
“Somos todos diferentes. Usar un mapa único es como querer poner una llave en una cerradura distinta. Nosotros proponemos una cirugía basada en la conectividad individual del cerebro, que nos permita ser mucho más precisos”, explica.
Esta precisión permite entender mejor por qué algunas personas desarrollan una depresión tan severa. “Nos dimos cuenta de que algunos circuitos cerebrales no tienen tantas conexiones como deberían. Eso puede explicar por qué algunos pacientes no responden a los tratamientos tradicionales”, señala el médico.
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El Dr. Contreras insiste en que esta no es una cirugía para todos los casos de depresión.
“Muchas personas mejoran con terapia psicológica y medicación. Esta intervención es solo para casos extremos, donde se han probado al menos cuatro grupos diferentes de antidepresivos y psicoterapia durante más de dos años sin mejoría”, aclara.
Y aunque se logren resultados positivos, es importante dejar algo muy claro: no se trata de una cura definitiva. El objetivo es aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida en pacientes donde todo lo demás ha fallado.
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La beneficiaria
El impacto más sorprendente se evidenció en una de sus pacientes, Lorena, durante la misma intervención.
“Generalmente los resultados se esperan al año o dos años. Pero con Lorena, vimos los cambios inmediatamente en sala”, recuerda Contreras. “Empezó a bromear, a pedir música, a decir que quería ir al centro comercial… eso es algo que no se ve todos los días en este tipo de casos”.
Esa respuesta tan rápida refuerza el potencial de la técnica utilizada, aunque el equipo médico mantiene la cautela y trabaja en estudios científicos para documentar y publicar sus hallazgos. “No se trata de una cirugía mágica. Pero si una persona tenía 100 días malos y ahora tiene 50, eso ya es un avance inmenso”, afirma.
Además de depresión, la estimulación cerebral profunda se está explorando en otras condiciones psiquiátricas y neurológicas como el trastorno obsesivo compulsivo, la agresividad patológica, el síndrome de Tourette e incluso algunas formas de demencia.
“Hay estudios experimentales donde, por accidente, al estimular una región cerebral, un paciente comenzó a recordar cosas de su infancia. Eso abrió una línea de investigación sobre memoria y AlzhÉimer. Aunque en fases iniciales, muestra lo que podríamos lograr en el futuro”, comenta Contreras.
Al cierre de la conversación con BeHealth, el Dr. Contreras reflexiona con humildad sobre el propósito de su trabajo:
“Yo me veo como una herramienta. Ver que alguien que había perdido el interés por todo vuelva a sonreír, eso no tiene precio. Esto no es la cura, pero sí puede ser una nueva oportunidad cuando ya no quedan otras”, afirma.
Con este avance en cirugía cerebral, Colombia se posiciona en la vanguardia de la neurocirugía funcional, ofreciendo una alternativa real a pacientes que han agotado todas las opciones terapéuticas. Aunque no se trata de una cura, esta intervención representa una nueva vía de esperanza para quienes viven atrapados en la oscuridad de la depresión resistente.

