Resiliencia infantil: cómo la crianza y el apego influyen en la salud mental durante toda la vida

Las experiencias de la infancia pueden marcar profundamente la manera en que una persona enfrenta las dificultades, maneja sus emociones y construye su bienestar emocional en la adultez. Para el Dr. Gilvic Carmona De Jesús, psicólogo especialista en neurociencia cognitiva de la educación y decano asociado de asuntos académicos de la Universidad de Puerto Rico en Utuado, la forma en que un niño crece y se relaciona con su entorno puede convertirse en un factor decisivo para desarrollar o no resiliencia.

“En la niñez se dan algunos aspectos significativos. El primero está relacionado al apego y a esa capacidad que un ser humano tiene para sentirse acogido”, explicó el especialista durante una entrevista con BeHealth sobre el impacto de la infancia en la salud emocional.

El experto señaló que, además del afecto, también es importante que los niños aprendan desde pequeños a tomar decisiones y a reflexionar sobre sus experiencias, pues esto fortalece sus llamados “factores protectores de resiliencia”.

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La diferencia entre sobrevivir y reconstruirse emocionalmente

Para el Dr. Carmona, no todas las personas atraviesan las crisis de la misma manera. Algunas logran superar momentos difíciles, pero sin procesar realmente lo vivido, mientras que otras consiguen transformar esas experiencias en aprendizajes.

“Hay un grupo de personas que no hacen una reflexión sobre la experiencia de la crisis, simplemente la sobrepasan. Pero otras tienen la oportunidad de ser resilientes, pueden ver las situaciones de vida de una manera distinta y desarrollar una regulación emocional adecuada”, afirmó.

El especialista destacó que la resiliencia emocional implica construir nuevas herramientas internas después del dolor, fortalecer la autoestima y aprender a gestionar las emociones incluso en escenarios complejos.

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Las crisis también hacen parte del crecimiento infantil

De acuerdo con el psicólogo, la infancia está llena de pequeñas crisis naturales que ayudan al desarrollo emocional de los niños. Desde el nacimiento hasta la adolescencia, cada etapa representa nuevos retos que deben ser acompañados con equilibrio y comprensión.

“El niño necesita un hogar estable, lleno de amor y comprensión, pero que no sea sobreprotector”, explicó.

El experto advirtió que tanto la sobreprotección como la ausencia emocional de los padres pueden afectar la capacidad de afrontar frustraciones y desarrollar autonomía. Según indicó, los niños necesitan explorar, equivocarse y aprender por sí mismos. “Los padres tienen que dejar que los niños y los adolescentes descubran las cosas por sí mismos”, señaló.

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Además, resaltó la importancia de permitir espacios de creatividad y juego, alejados del exceso de tecnología. “Ahora mismo vemos que el 60% de las experiencias que el niño vive están guiadas exclusivamente por la tecnología”, comentó.

La salud mental también impacta el cuerpo

Uno de los puntos que más enfatizó el Dr. Carmona fue la relación entre los traumas infantiles, la salud mental y las enfermedades físicas. “Yo no divido la salud mental de la salud”, aseguró.

Según explicó, muchas personas que sufren altos niveles de estrés o ansiedad terminan manifestando síntomas físicos sin comprender que detrás puede existir un trauma emocional no trabajado.

“El trauma complejo es la acumulación de pequeños traumas que nunca se trabajaron. Esa persona comienza a sentirse mal, comienza a somatizar y no sabe qué es lo que le ocurre”, detalló.

Para explicar este proceso, utilizó una metáfora sencilla: “Esto es como una madeja de lana. Esa persona tiene que empezar a deshacer esa madeja para entrar en profundidad y soltar eso que le está pasando”.

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Escuelas, familias y redes de apoyo: claves para formar niños resilientes

El especialista también destacó el papel de las escuelas, los grupos de apoyo y las relaciones sociales en la construcción de resiliencia. “La escuela tiene la capacidad de promover que los estudiantes interactúen entre ellos y aprendan a relacionarse adecuadamente”, explicó.

Asimismo, indicó que los grupos de apoyo permiten que niños y adolescentes puedan expresar sus emociones en espacios seguros, sin sentirse juzgados.

En cuanto a las señales de alerta, mencionó que algunos indicadores de trauma infantil pueden ser el aislamiento, los síntomas físicos constantes, la tristeza persistente y el bajo rendimiento académico.

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Por el contrario, un niño resiliente suele mostrar una autoestima adecuada, habilidades para relacionarse y capacidad para expresar cómo se siente.

“Ese niño es capaz de lidiar adecuadamente con sus emociones y expresarles a sus padres o adultos cómo se siente”, concluyó.

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