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Peligrosa omisión: Dejar de lado la terapia psicológica

La nicotina, presente en el tabaco, es una droga que proporciona una sensación placentera y actúa como distractor de sensaciones desagradables. Con el tiempo, quien consume tabaco se vuelve dependiente física y emocionalmente de esta sustancia. La dependencia física desencadena síntomas de abstinencia al intentar abandonar el hábito, mientras que la dependencia emocional genera efectos mentales y emocionales.

Según la American Cancer Society, al dejar de consumir tabaco, una persona puede experimentar una amplia gama de emociones negativas, que incluyen depresión, tristeza, frustración, ansiedad e irritabilidad, entre otras. Estos sentimientos pueden dificultar el proceso de abandono del hábito y mantenerse libre de tabaco.

Para enfrentar este desafío, existen numerosos recursos disponibles. Si bien muchos fumadores son conscientes de los síntomas físicos de abstinencia y pueden recurrir a terapias de reemplazo de nicotina o medicamentos, a menudo subestiman el impacto mental y emocional de la adicción. La dependencia emocional puede resultar especialmente difícil de superar, ya que implica enfrentar cambios profundos en la química cerebral y en las emociones.

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“El tabaquismo continúa siendo la principal causa evitable de enfermedades y muertes en los Estados Unidos, con más de 480,000 muertes relacionadas con el tabaco cada año”, dice la American Cancer Society.

Sin embargo, hay esperanza. Servicios de orientación y apoyo, así como materiales de autoayuda, están disponibles para ayudar a las personas a superar tanto la dependencia física como la emocional del tabaco. Con el tiempo y el apoyo adecuado, los cambios emocionales se pueden gestionar y superar.

Terapias psicológicas VS dejar de fumar

El vínculo entre los trastornos de la personalidad y la salud física es un tema de creciente interés en la comunidad científica, y un estudio reciente realizado en Alemania arroja luz sobre esta relación compleja. Según la investigación, las personas que exhiben rasgos desadaptativos en los cinco grandes dominios de la personalidad, tal como se clasifican en el DSM-5, enfrentan un aumento significativo en su riesgo relativo de desarrollar una serie de enfermedades crónicas. 

Estas condiciones abarcan desde el asma y la lumbalgia hasta la depresión, la migraña, la hipertensión arterial y el ictus. Con una muestra representativa de más de 4,700 individuos con una edad promedio de 54 años, el estudio destaca la importancia de comprender la interacción entre los aspectos psicológicos y físicos de la salud. Los hallazgos subrayan la necesidad de una atención integral que aborde tanto las necesidades emocionales como físicas de las personas, con el objetivo de prevenir y tratar estas condiciones crónicas de manera más efectiva.

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«En términos de salud puede ser más peligroso no ir a psicoterapia que fumar, al menos según los resultados de este estudio», afirmó el autor principal, André Kerber, psicólogo del Departamento de Intervención Psicológica Clínica de la Freie Universität Berlin, en Berlín, Alemania.

El trabajo, aún no publicado, fue presentado en el Deutsche Kongress für Psychosomatische Medizin und Psychotherapie 2024 (Congreso Alemán de Medicina Psicosomática y Psicoterapia), celebrado en Berlín. No todos los pacientes requieren psicoterapia: la psicoeducación puede ser útil, por ejemplo, para el manejo del estrés, destacó Kerber.

El estudio señala una correlación entre rasgos desadaptativos de personalidad y enfermedades crónicas, pero no establece causalidad. No está claro si los problemas somáticos influyen en los rasgos de personalidad o viceversa. Por ejemplo, las personas con migraña podrían aislarse socialmente, lo que podría afectar sus rasgos de personalidad.

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