El sarampión, una enfermedad viral altamente contagiosa que se consideraba eliminada en Estados Unidos desde el año 2000, ha reaparecido con fuerza.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), a mitad de 2025 ya se han reportado 1,288 casos, superando la cifra alcanzada durante el brote de 2019. Este repunte representa el mayor número de infecciones por sarampión en más de tres décadas.
Aunque hasta el momento Puerto Rico no ha reportado casos confirmados, el aumento de contagios en el territorio continental estadounidense —y la continua movilidad de personas entre la isla y los estados afectados— ha puesto en alerta a las autoridades locales de salud pública.
En entrevista con el epidemiólogo Kevin Ortiz, se buscó entender qué significa para Puerto Rico este repunte de sarampión en Estados Unidos y cómo podría afectar a la isla.
“Tan solo con la llegada de una persona infectada se pueden desatar brotes de sarampión, tal como ocurrió con el COVID-19”, señaló.
Esta advertencia cobra mayor relevancia en un escenario de alta circulación viral y eventos que atraen a grandes multitudes en la isla, como la próxima residencia del artista Bad Bunny en el Coliseo de Puerto Rico, que podría facilitar la transmisión del virus si no se mantienen las medidas preventivas y los niveles adecuados de vacunación.
Movilidad y riesgo real para la isla
El epidemiólogo advierte que, en este escenario, Puerto Rico está en riesgo de registrar un brote.
“La constante movilidad de personas entre Estados Unidos y Puerto Rico puede facilitar la importación del virus en la isla. Basta con que una sola persona infectada llegue a territorio local para desatar cadenas de transmisión comunitaria, tal como ocurrió con el COVID-19”, advirtió.
El riesgo se incrementa no solo por la conexión directa con múltiples ciudades estadounidenses, sino también por el contexto globalizado en el que vivimos, donde los agentes infecciosos se mueven con rapidez y sin fronteras.
Turismo y eventos masivos: un factor de riesgo en ascenso
Además, Puerto Rico recibe decenas de miles de visitantes cada mes, entre turistas y viajeros locales que van y vienen del continente.
A esto se suma la celebración de eventos de gran convocatoria, como la residencia del artista Bad Bunny en el Coliseo de Puerto Rico, programada para este verano, que ya ha vendido miles de boletos a fanáticos de dentro y fuera de la isla.
“Eventos como la residencia de Bad Bunny son celebraciones importantes para la cultura y economía del país, pero también representan un escenario perfecto para la propagación de virus altamente contagiosos como el sarampión, especialmente si hay personas no vacunadas entre la multitud”, explicó Ortiz.
Aunque el impacto económico del turismo es vital para la isla, un brote epidémico podría provocar cancelaciones de eventos, advertencias de viaje e imponer una carga adicional sobre el sistema de salud pública.
De hecho, la experiencia de otros destinos internacionales durante brotes recientes demuestra que la percepción de riesgo sanitario puede afectar directamente el flujo turístico y, con ello, la economía local.
“En espacios cerrados, con personas provenientes de múltiples jurisdicciones, el virus puede encontrar un entorno ideal para diseminarse rápidamente”, puntualizó Ortiz.
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Altamente contagioso y potencialmente grave
El sarampión no es una enfermedad benigna. Según la literatura médica, 9 de cada 10 personas (90%) no vacunadas que se exponen al virus lo contraerán. Esto convierte a los eventos de alto perfil en potenciales focos de brotes, si no se refuerzan las medidas preventivas.
Por otra parte, una persona infectada puede contagiar hasta cuatro días antes de presentar síntomas evidentes, lo que dificulta su detección a tiempo.
«El sarampión es tan infeccioso y virulento que, incluso antes de presentar los síntomas principales, podría infectar a personas vulnerables», resaltó el epidemiólogo.
En el actual brote en Estados Unidos, ya se han reportado al menos tres fallecimientos —dos niños en Texas y un adulto en Nuevo México— además de múltiples hospitalizaciones.
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¿Estamos preparados en Puerto Rico?
Aunque la cobertura de vacunación en Puerto Rico ha sido históricamente alta, se desconoce si todos los municipios alcanzan el 95 % requerido para la inmunidad colectiva. El porcentaje mínimo necesario garantiza la protección incluso de quienes no pueden vacunarse, como bebés o personas inmunocomprometidas.
“La disminución en la cobertura de vacunación tras la pandemia de COVID-19 no ha sido exclusiva del continente. Puerto Rico también podría haber sufrido descensos silenciosos en su tasa de inmunización”, advirtió Ortiz.
De producirse un brote local, el sistema de salud pública tendría que enfrentar una presión significativa.
“Puerto Rico no cuenta con un sistema de salud lo suficientemente robusto como para responder a un aumento súbito de hospitalizaciones por una enfermedad tan transmisible y peligrosa. Ya lo vivimos con la pandemia, y no debemos repetir los mismos errores”, enfatizó.
Vigilancia activa y educación médica como primera línea de defensa
Ortiz recomienda establecer vigilancia epidemiológica activa en aeropuertos, puertos, escuelas y centros de salud, así como capacitar a profesionales médicos en el reconocimiento temprano de la enfermedad.
Considerando que en Puerto Rico no se han visto casos de sarampión desde la década de los 90s, es importante educar a la población y profesionales de la salud sobre esta infección y cómo se diferencia de otros virus, como el COVID-19 y el catarro común.
“Muchos médicos jóvenes en la isla nunca han visto un caso de sarampión. Hay que reforzar la educación clínica para evitar confundirla con otras infecciones respiratorias comunes”, expresó.
Asimismo, destaca la importancia de campañas informativas dirigidas a la ciudadanía para reforzar la confianza en la vacunación y aclarar dudas frecuentes.
El rol de la desinformación
Una de las principales barreras que enfrenta la salud pública hoy en día es la desinformación. Ortiz fue enfático al señalar que los mitos sobre las vacunas —como su supuesta relación con el autismo o teorías conspirativas sobre microchips— carecen de sustento científico y representan un riesgo directo para la salud colectiva.
“Gracias a las vacunas, Puerto Rico lleva más de 20 años sin casos endémicos de sarampión. Esa protección no puede ponerse en peligro por creencias sin fundamento”, subrayó.
Una amenaza latente que requiere acción inmediata
El brote actual de sarampión en Estados Unidos debe ser visto como una advertencia clara para Puerto Rico. Aunque la enfermedad fue eliminada del país hace décadas, esto no equivale a una erradicación definitiva: el virus puede resurgir si disminuye la cobertura de vacunación o fallan los sistemas de vigilancia epidemiológica.
“Nunca olvidemos lo que vivimos durante la pandemia del COVID-19. Un brote de sarampión podría provocar un aumento significativo en hospitalizaciones por complicaciones graves, especialmente en niños y personas inmunosuprimidas,” finalizó.
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