Por: Wilenie Sepúlveda
La terapia física continúa posicionándose como una profesión esencial dentro del sistema de salud, no solo en la recuperación de lesiones, sino en la promoción del movimiento y la calidad de vida. Así lo destacó la doctora Carmen Capó, directora del Departamento de Terapia Física del recinto de Cupey de la Universidad Ana G. Méndez, al describir el alcance y la evolución del programa académico.
“La terapia física es una profesión bien versátil. Donde hay movimiento y el movimiento se ve afectado, ahí puede trabajar el terapista físico”, explicó Capó. La especialista subrayó que esta disciplina abarca desde condiciones musculoesqueléticas hasta situaciones neurológicas, cardiovasculares y procesos como el embarazo o la rehabilitación postquirúrgica.
El programa se distingue por su enfoque educativo, basado en un modelo de enseñanza que prioriza la aplicación práctica del conocimiento. “Utilizamos la metodología de aula invertida, donde el estudiante viene al salón a aplicar lo aprendido”, indicó.
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A esto se suma la integración del modelo “Knowledge to Action”, diseñado para acortar la brecha entre la investigación científica y la práctica clínica. “Hay mucha ciencia que se publica, pero puede tardar años en implementarse. Nosotros buscamos que ese conocimiento llegue más rápido al servicio clínico”, sostuvo.
La formación de los estudiantes, añadió, se enfoca en el desarrollo integral de destrezas. “Es una profesión que necesita el cerebro, el corazón y las manos”, afirmó, al destacar la importancia del pensamiento crítico, la empatía y las habilidades clínicas en el trato con pacientes.
Como parte del currículo, los estudiantes completan experiencias clínicas en diversos escenarios, desde clínicas ambulatorias hasta hospitales, lo que les permite adaptarse a distintas áreas de especialización.
En cuanto al uso de tecnología, Capó reconoció su valor como herramienta de apoyo, aunque no como requisito indispensable. “Se puede ser terapista físico sin tecnología, pero esta ayuda a medir la recuperación de forma más tangible y a mantener la salud del profesional a largo plazo”, explicó.
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La necesidad de estos profesionales en Puerto Rico es significativa. Según datos compartidos durante la entrevista, solo una fracción de quienes requieren servicios de terapia física logra recibirlos. “De cada diez personas que necesitan terapia física, solo dos reciben los servicios”, indicó, lo que evidencia una brecha importante en el acceso a la atención.
Ante este panorama, la directora proyecta un crecimiento sostenido para la profesión. “Es un futuro brillante. Tenemos mucho por crecer y mucho por contribuir a la calidad de vida de nuestra población”, concluyó.

