La vida de Providencia Castro Apolinaris ha estado marcada por distintos retos de salud, pero también por una profunda fortaleza para enfrentarlos. Sobreviviente de cáncer, paciente de colitis ulcerativa desde los 23 años y diagnosticada con enfermedad de Parkinson hace dos años, esta enfermera jubilada de 80 años decidió transformar su experiencia en un mensaje de esperanza para otros pacientes. Su historia demuestra que, incluso frente a un diagnóstico complejo, es posible encontrar un nuevo propósito.
Durante años, Providencia convivió con distintos síntomas sin imaginar que estaban relacionados con el mal del Parkinson. Movimientos involuntarios, vértigos, estreñimiento y pérdida del olfato fueron señales que inicialmente atribuyó al cansancio o a la edad.
“Yo le daba poca importancia, creía que era como ya yo estoy mayor, que tenía artritis o cansancio por todas las cosas que hacía”, recordó en entrevista con BeHealth. Con el paso del tiempo, esos cambios comenzaron a repetirse con más frecuencia, lo que despertó su inquietud.
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Cuando finalmente llegó el diagnóstico
El proceso para llegar al diagnóstico no fue inmediato. Como profesional de la salud, Providencia buscó ayuda médica en diferentes momentos, pero al principio no se encontraba una explicación clara para lo que estaba ocurriendo. Fue durante una evaluación neurológica más detallada cuando se empezó a considerar la posibilidad de la enfermedad de Parkinson.
Tras un análisis clínico y varias preguntas sobre su historial de síntomas, el especialista pudo confirmar la enfermedad. “De las diez preguntas que me hizo, yo tenía ocho síntomas y hacían dos años que los tenía”, relató. Entre los primeros cambios que identificó estuvo la pérdida del olfato, algo que suele ser una señal temprana en algunos pacientes.
Actualmente, Providencia sigue un tratamiento con medicación que le ha ayudado a controlar varios de los síntomas motores. “El medicamento me ayuda muchísimo. Antes tenía mucha congelación de la marcha, quería caminar y el cuerpo no respondía”, explicó. Gracias al tratamiento y al seguimiento médico, ha logrado mantener una mejor calidad de vida.
El impacto emocional y el proceso de aceptación
Recibir el diagnóstico fue uno de los momentos más difíciles de su vida. Aunque conocía la enfermedad desde su experiencia en el sector salud, enfrentarse a ella personalmente fue un proceso emocional complejo.
“Al principio es como si te cayera un baño de agua fría encima. Yo me deprimí muchísimo, lloré muchísimo. Yo decía: ¿por qué me pasó a mí?”, confesó.
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Sin embargo, con el paso del tiempo entendió que luchar contra la enfermedad también significaba aceptar lo que estaba viviendo. Esa reflexión marcó un punto de inflexión en su vida. “Ya que no podía luchar con que no lo tuviera, tenía que luchar para los pacientes con Parkinson y llevar el mensaje”, afirmó.
Providencia también busca crear conciencia sobre la realidad del Parkinson, una enfermedad que muchas veces se simplifica únicamente a los temblores. “El párkinson no es solamente que se te muevan las manos. Esto es un paquete bien grande de depresión, insomnio, estreñimiento, angustia y ansiedad”, explicó, resaltando los múltiples desafíos físicos y emocionales que enfrentan los pacientes.
Seguir adelante y ayudar a otros pacientes
Hoy, Providencia encuentra motivación en su familia, en su grupo de apoyo y en la posibilidad de acompañar a otras personas que viven con Parkinson. El ejercicio también se ha convertido en parte importante de su rutina para fortalecer su cuerpo y mantener la movilidad.
A pesar de los cambios que ha tenido que hacer en su día a día, mantiene una actitud resiliente frente a la enfermedad.
“Me motiva el deseo de continuar viviendo. Antes me vestía en cinco minutos, ahora me toma media hora, pero al final del camino hay una satisfacción”, compartió.
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Su mensaje para quienes reciben un diagnóstico similar es claro: mantener la esperanza. “Hay una luz al final del camino. Todos los días salen nuevas investigaciones para el párkinson”, aseguró.
Con esa convicción, Providencia continúa utilizando su historia para recordar que vivir con Parkinson no significa dejar de luchar ni de acompañar a otros en el camino.

