Recibir un diagnóstico de enfermedad inflamatoria intestinal (EII) no solo representa un reto físico y emocional para los pacientes, también puede convertirse en una carga económica difícil de asumir. Los altos costos de los medicamentos especializados llevan a muchas personas a considerar abandonar su tratamiento, muchas veces por desconocimiento de las ayudas disponibles.
Durante una transmisión en vivo de BeHealth desde Plaza del Caribe en Ponce, la Dra. Suzette Vélez, doctora en Farmacia y especialista certificada en farmacia ambulatoria y geriátrica, conversó sobre los programas de asistencia financiera, las llamadas tarjetas de copago y las alternativas que existen para pacientes con Crohn y colitis ulcerosa.
¿Qué son las tarjetas de copago y cómo ayudan a los pacientes?
La Dra. Vélez explicó que los programas de ahorro en copagos son ayudas económicas ofrecidas por las compañías manufactureras de medicamentos biológicos y especializados utilizados en el tratamiento de la enfermedad inflamatoria intestinal.
“Son una ayuda financiera que ofrecen comúnmente las casas manufactureras de estos medicamentos para aliviar y apoyar económicamente a ese paciente cuando tiene copagos altos”, explicó la especialista.
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La doctora señaló que estos programas suelen aplicar para pacientes con seguros privados o cubiertas comerciales. En cambio, quienes tienen Medicare o Medicaid deben buscar otras alternativas como fundaciones o programas de asistencia especializados.
El impacto económico puede ser enorme. Según indicó, algunos tratamientos pueden alcanzar costos de hasta $20,000 mensuales, una cifra imposible de asumir para muchas familias sin apoyo financiero.
El desconocimiento sigue siendo una de las mayores barreras
Uno de los puntos más importantes de la conversación fue el desconocimiento que existe alrededor de estas ayudas. Muchas personas no saben que pueden solicitar apoyo o creen que no tienen opciones cuando reciben un copago elevado.
“En lugar de descontinuar el tratamiento, lo primero es notificarlo y buscar ayuda para ver qué asistencia puede haber”, afirmó la Dra. Vélez.
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La especialista destacó que abandonar las terapias médicas por razones económicas es una realidad frecuente, especialmente cuando se trata de medicamentos de alto costo. Sin embargo, insistió en que existen alternativas que pueden reducir significativamente los gastos del paciente.
“Hay pacientes que no pagan nada o pacientes que tienen que pagar tal vez $25”, comentó.
El rol clave de las farmacias especializadas
La Dra. Vélez recomendó que, si un paciente recibe una llamada informando que debe pagar miles de dólares por su medicamento, no se quede callado ni suspenda el tratamiento inmediatamente. “El primer paso es hablar con el médico y con la farmacia especializada”, señaló.
Según explicó, muchas farmacias especializadas cuentan con departamentos dedicados exclusivamente a identificar programas de asistencia financiera, ayudas de fundaciones, planes de pago o alternativas disponibles para cada caso.
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Además, mencionó que en Puerto Rico existen barreras administrativas importantes que dificultan el acceso a los tratamientos, entre ellas los procesos de aprobación, el exceso de documentación y hasta las dificultades con formularios en inglés.
“La falta de conocimiento es una barrera, y también el idioma, porque muchos formularios son en inglés y algunos pacientes sienten que no los pueden completar”, indicó.
Copago, deducible y coaseguro: ¿cuál es la diferencia?
Durante la entrevista también aclaró conceptos que suelen generar confusión entre los pacientes. La especialista explicó que el deducible es la cantidad inicial que una persona debe pagar antes de que el plan médico comience a cubrir servicios o medicamentos.
Por otro lado, el copago es una cantidad fija establecida por el plan médico, mientras que el coaseguro corresponde a un porcentaje del costo total del medicamento. Aunque un porcentaje parezca pequeño, en medicamentos especializados puede representar cientos o miles de dólares mensuales.
“Si hablamos de un medicamento que cuesta $10,000 al mes, un 5% serían $500 que el paciente tendría que sacar de su bolsillo todos los meses”, detalló.
Buscar ayuda puede marcar la diferencia
La Dra. Vélez envió un mensaje claro a quienes han pensado abandonar su tratamiento por motivos económicos: pedir ayuda puede cambiar el panorama.
“No se rindan tan fácilmente porque hay ayudas que no sabíamos, hasta tal vez hoy, que existen”, expresó.
También recomendó mantener una conversación abierta con el médico tratante para evaluar alternativas clínicas más asequibles si el costo continúa siendo una barrera.
“Hay que comer. No podemos pretender que el paciente va a utilizar su dinero de la compra para el medicamento”, concluyó.

