Ya es hora de que estés en el medio…

Una de las enseñanzas fundamentales del budismo es la que se denomina “el camino del medio”. Nos dice que una de las herramientas para aliviar el sufrimiento y cultivar la felicidad es el aprender a vivir vidas balanceadas evitando los extremos. Y por extremos se refiere a, por un lado, hacer de la búsqueda de la gratificación y el placer una prioridad, y, por el otro el creer que el sufrir, el privarnos y el negarnos la prosperidad que merecemos es algo que nos va a fortalecer espiritualmente. No. El tenerlo todo no nos hace más felices, y el carecer tampoco nos hace mejores seres humanos.    

Ese “camino del medio”, entonces, es el que podemos seguir para aprender a vivir en moderación, y no caer en la tentación de quedarnos atrapados en formas de pensamientos rígidos que no nos permitan aprender cosas nuevas, evolucionar, y compartir en paz con aquellos que no piensan necesariamente como nosotros. Esa visión de la vida puede incluir, por ejemplo: 

  • Reconocer y soltar nuestros apegos sin convertirnos en personas indiferentes a lo que nos rodea
  • Evitar los excesos, pero no privarnos de lo que disfrutamos
  • Aceptar cualquier sufrimiento que podamos tener, pero no glorificarlo
  • Entender que nada es para siempre, pero sin restarle importancia a lo que estamos viviendo 
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Lograr transitar este camino del medio es un arte y requiere de mucho autoconocimiento.  El reto está en identificar cuando nos estamos alejando del equilibrio. Una señal puede ser la forma en que nos expresamos con frases como “Yo odio tal o más cual cosa (o persona)” o “Esto tiene que ser (o es) de esta u de otra manera”. Otra frase puede ser “Yo no puedo vivir sin esto o aquello”. Puede parecernos tonto, pero la forma en que nos expresamos, esas palabras, no se las lleva el viento, y de alguna forma va construyendo nuestra realidad. Es natural que tengamos nuestros “gustitos”, pero hablar constantemente de lo que “odias” o “adoras” es definitivamente extremista. 

Todos y todas tenemos nuestras causas, eso que nos importa. Pero una cosa es luchar por ellas y otra obsesionarnos y permitir que nos consuman. El hacerlo nos saca de balance y evita el que podamos trabajar saludablemente hacia esas transformaciones sociales. Puedes tener metas, pero que tu autoestima no dependa de lograrlas o no. He tenido suficientes fracasos personales y profesionales para saber que, aun dando el máximo, no siempre se consigue lo que uno quiere, y que lo que no funciona se suelta, y se continúa caminando.  

A las personas extremistas, esas que lo ven todo o blanco o negro, siempre les va a faltar paz.  Puedes ser un buen líder sin querer controlarlo todo. Puedes exigirte, pero no castigarte cuando no llega el éxito que esperabas. Puedes ser un ejemplo de generosidad, sin dejar de ocuparte de ti y de tus necesidades. Puedes ser una persona empática pero no tienes que tomar todas tus decisiones desde la emoción. Puedes dar tu opinión, pero sin exigir que otros sigan lo que tú sugieres. Puedes disfrutar la vida sin sacrificar tu estabilidad económica y tus relaciones interpersonales. Puedes aprender del pasado, pero no tienes que quedarte viviendo en él. 

Si quieres comenzar a encontrar el balance, a caminar por ese camino del medio, mi sugerencia es que cuando sientas que algo te está robando la paz (que uno generalmente se da cuenta), te observes en honestidad y te hagas esta pregunta: “¿Estoy respondiendo desde el equilibrio o desde el extremo?”  El lograr cuestionarte es el primer paso para una verdadera transformación.  Nos vemos en el medio.  

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