Cuando ocurre un terremoto, la mayor preocupación suele centrarse en los edificios derrumbados. Sin embargo, para miles de pacientes, el verdadero riesgo puede aparecer incluso cuando un hospital permanece en pie. Según el hematólogo, oncólogo e investigador Dr. Fernando Cabanillas, el problema más grave puede ser el llamado colapso funcional, una situación que impide brindar atención médica por la falta de agua, electricidad o condiciones seguras para trabajar. Su reflexión cobra relevancia tras el devastador terremoto en Venezuela y deja importantes lecciones para cualquier sistema de salud.
El verdadero peligro no siempre es el derrumbe
«Uno pensaría que el problema principal en relación con los hospitales es que se cayeron todos al piso. Pero ese no es el caso; la mayor parte de los hospitales no colapsaron estructuralmente, sino funcionalmente«, explicó el Dr. Fernando Cabanillas durante una entrevista con BeHealth.
El especialista detalló que las áreas más críticas, como las salas de operaciones y las unidades de cuidado intensivo, dejaron de funcionar porque «había falta de electricidad y también falta de agua«. A esto se sumó otro obstáculo: «Nadie se atrevía a entrar al hospital por las réplicas, con miedo de que fuera a colapsar estructuralmente«.
Como consecuencia, muchos pacientes tuvieron que ser atendidos en estacionamientos e incluso en espacios improvisados. «En Venezuela hasta hubo una sucursal de McDonald’s que la estaban usando de hospital», relató.
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Agua y electricidad: recursos que pueden marcar la diferencia
Para el especialista, la capacidad de un hospital para responder a una emergencia depende, en gran medida, de contar con recursos básicos garantizados. «Si hay un terremoto y no tenemos agua, muchos de los pacientes que están en diálisis no se pueden dializar», advirtió.
El médico explicó que, en el Hospital Auxilio Mutuo, donde ejerce su práctica, cuentan con dos pozos de agua y varias cisternas. «Tenemos suficiente agua para poder dializar los pacientes, porque ese procedimiento requiere una gran cantidad de agua procesada», comentó. Sin embargo, reconoció que «no todo el mundo tiene eso«, por lo que muchos centros hospitalarios siguen siendo vulnerables.
En cuanto al suministro eléctrico, fue enfático: «Todos los hospitales deben tener por lo menos dos plantas eléctricas. Porque si una falla, que tengamos la otra disponible«. Añadió que en su institución cuentan con siete generadores, como parte de su plan de contingencia.
Prepararse también significa tener insumos y atender fuera del hospital
Para el Dr. Cabanillas, la planificación no termina con la infraestructura. «Los hospitales deben tener suficientes medicamentos para durar 96 horas«, aseguró. Entre ellos mencionó antibióticos, insulina, gasas y otros suministros esenciales que pueden agotarse rápidamente durante una emergencia.
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También destacó la importancia de estar preparados para atender pacientes fuera de las instalaciones. «Los hospitales tienen que tener carpas disponibles para atender a los pacientes en el estacionamiento«, afirmó. Incluso señaló que las mejores carpas ya vienen equipadas «prácticamente igual que una sala de emergencia«.
El personal de salud también necesita protección
Además de cuidar a los pacientes, el especialista recordó que los equipos médicos enfrentan una enorme carga emocional durante un desastre.
«El hospital debe estar preparado para apoyar emocionalmente y también físicamente» a médicos, enfermeras y demás trabajadores, expresó.
Asimismo, insistió en la necesidad de contar con sistemas de comunicación independientes del internet o la telefonía celular. «Los hospitales deben tener un sistema que no dependa ni del internet ni de los teléfonos celulares«, indicó, para garantizar la coordinación cuando las redes fallen.
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Aunque considera que Puerto Rico ha aprendido algunas lecciones después del huracán María y de los terremotos de 2020, el Dr. Cabanillas cree que aún queda camino por recorrer. «Después de María aprendimos algo«, afirmó. Sin embargo, dejó un mensaje dirigido tanto a las instituciones como a la ciudadanía: «Tenemos que estar preparados nosotros y no depender de los políticos«. Para los pacientes y sus familias, esa preparación puede representar la diferencia entre recibir atención a tiempo o enfrentar una emergencia con un sistema de salud que ya no puede responder.

