Por: Lourdes I. Aquino Medina, MSW
Coordinadora Salud Mental Integrada
Costa Salud Community Health Centers
“Cada vida cuenta” es una frase que escuchamos y compartimos con frecuencia en nuestras clínicas de cuidado primario y salud conductual integrada. Sin embargo, mientras la repetimos, en algún lugar del mundo una persona pierde la vida por suicidio cada 43 segundos. Esta realidad nos recuerda la urgencia de fortalecer la prevención y romper el silencio que aun rodea este tema.
A lo largo de mis 27 años de práctica profesional en el campo de la salud mental, he comprobado que hablar sobre el tema del suicido continúa siendo una de las conversaciones más difíciles e incómodas para muchas personas, pero guardar silencio nunca ha salvado vidas. La información, la empatía y la disposición para escuchar sí pueden marcar la diferencia.
Con el propósito de sensibilizar a la población y promover acciones de prevención a nivel individual y colectivo, cada 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. Esta fecha nos recuerda que la prevención es una responsabilidad compartida y que todos podemos contribuir a crear espacios donde las personas se sientan escuchadas, comprendidas y acompañadas.
El lema de la campaña trienal 2024–2026, «Cambiar la narrativa», invita a transformar la manera en que entendemos y hablamos sobre el suicidio. Durante muchos años este tema ha estado rodeado de estigmas, mitos y prejuicios que dificultan que quienes sufren busquen ayuda. Cambiar la narrativa significa sustituir esas ideas por una visión basada en la empatía, el respeto, la comprensión, el apoyo y la esperanza.
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El suicidio puede afectar a personas de cualquier edad, género, condición económica, orientación sexual o creencia religiosa. A nivel mundial, más de 720,000 personas mueren por esta causa cada año. En Puerto Rico, entre el año 2000 y septiembre de 2025 se reportaron 7,349 muertes por suicidio. Detrás de cada cifra hay una historia, una familia y una comunidad impactada, razón por la que la prevención debe convertirse en una prioridad para todos.
Contrario a lo que muchas personas creen, hablar del suicidio de manera responsable no induce a alguien a quitarse la vida. Por el contrario, una conversación respetuosa puede convertirse en la oportunidad que alguien necesitaba para expresar su dolor y aceptar ayuda.
Está comprobado que la conducta suicida suele desarrollarse como un proceso. Puede comenzar con pensamientos de muerte o desesperanza y avanzar hasta la planificación o el intento. Durante ese proceso suelen aparecer señales de alerta, como regalar pertenencias importantes, despedirse de seres queridos, aislarse, perder interés por actividades antes significativas, aumentar el consumo de alcohol o drogas, expresar sentimientos de culpa, inutilidad o desesperanza, o realizar comentarios relacionados con la muerte.
Las causas del comportamiento suicida son complejas y responden a la interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales. Algunos trastornos de salud mental, las experiencias traumáticas, las pérdidas importantes, las enfermedades graves, las dificultades económicas, los conflictos familiares o de pareja y los intentos previos pueden aumentar el riesgo, aunque ninguno de estos factores, por sí solo, explica una conducta suicida.
Otro mito frecuente es pensar que quien habla de suicidio únicamente busca llamar la atención. La evidencia demuestra lo contrario. Muchas personas comunican su sufrimiento antes de un intento mediante palabras, cambios en su comportamiento o señales que, lamentablemente, pasan desapercibidas. Por eso es fundamental escuchar con atención, tomar en serio lo que la persona expresa y preguntar directamente, con sensibilidad y sin prejuicios, si ha pensado en hacerse daño.
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Cuando una persona manifiesta ideas suicidas, la mejor ayuda comienza con la escucha. Permanecer a su lado, validar sus emociones y transmitirle que no está sola puede marcar una diferencia significativa. Evite minimizar lo que siente o emitir juicios. Si existe un plan definido o un riesgo inminente, es indispensable buscar ayuda profesional de inmediato y activar los recursos de emergencia disponibles.
La prevención también implica fortalecer la salud mental en la vida cotidiana. Mantener seguimiento con los profesionales de salud, cumplir con el tratamiento indicado, cultivar relaciones saludables, realizar actividades placenteras, cuidar la salud física, fortalecer la espiritualidad cuando forme parte de los valores personales y pedir ayuda a tiempo son acciones que favorecen el bienestar emocional.
La prevención del suicidio no es responsabilidad exclusiva de los profesionales de la salud. Todos podemos formar parte de la solución al escuchar sin juzgar, acompañar con empatía y orientar hacia la ayuda adecuada. A veces, una conversación oportuna, una pregunta hecha con genuino interés o simplemente permanecer al lado de alguien puede convertirse en el primer paso para salvar una vida. Cambiar la narrativa comienza con cada uno de nosotros.
«Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.»
— Martin Luther King Jr.

